Esta mañana, 5 de febrero, he visto en “El Mundo” que Forestalia compró, presuntamente, a un consejero del Gobierno de Aragón, por cuatro millones de euros…
En el lote venían incluidos su Viceconsejero y su jefa de gabinete, vamos que era un tres por uno.
Ese consejero pertenecía al PAR, y era el competente en materia de Medio Ambiente, vamos que era la autoridad política de cuya firma dependían las autorizaciones a Forestalia, repito, para destruir, paisajística y turísticamente, la provincia de Teruel, además de parte de Huesca y Zaragoza.
Este turbio asunto se está investigando por un juzgado de instrucción de Teruel capital, pero esto, ¿a quién le importa…?
Los aragoneses pasamos de todo…, y ansí nos va.
Al parecer, ese consejero creó una empresa que tenía un único cliente Forestalia, para la gestión de las autorizaciones medioambientales, etc., que él, posteriormente, tenía que autorizar.
Dice, en su descargo, que todavía no ha sido llamado a declarar como investigado, y que la empresa tenía a 28 empleados en plantilla, pero que posteriormente Forestalia le compró la empresa por unos cuatro millones de euros…
Habíaa dos socios más, su Viceconsejero y su jefa de gabinete, con lo cual todo quedaba en familia.
¡No me dirán ustedes que no huele mal, muy mal!
Conozco la fiscalía de Teruel, por haber prestado servicios allí como fiscal, durante varios años, y me consta que son competentes y profesionales, y se toman cualquier asunto, muy en serio.
Yo, si fuera cualquiera de los tres, no dormiría muy tranquilo…
El único que, al parecer, sigue feliz y contento, y solo hay que ver como está, es don Fernando Samper, dueño de Forestalia, que está convencido de que en Aragón y en España, todo se soluciona con un buen cheque, presuntamente, claro.
Y es muy posible que, por desgracia, tenga razón.
