Al final la felicidad no es un estado permanente y estable de satisfacción y plenitud, porque tal estado no existe en el mundo material.
La felicidad es, todo lo más, la fotografía de un fugaz momento congelado; el estático retrato de uno de esos instantes en que nos gustaría que se parara el tiempo, y el mundo dejara de girar.
Retazos de felicidad, carne de álbum fotográfico que, cubierto de polvo y perdido en un desván, que, con el correr de los años, a nadie importará.

