Pedrojota Ramírez, Ángela Vallvey, María Antonia Trujillo y el sacerdote Javier Alonso eran pastoreados por el director del programa, quien antes de abordar la visita del Papa a Santiago de Compostela y Barcelona del fin de semana anterior, sacó a relucir la polémica entrevista de Felipe González a El País.
El texto, elaborado por Juan José Millás, estaba lleno de frases controvertidas y curiosas. Pero, de entre todas ellas, sobresalía una, que era, a su vez, el titular elegido por el periódico:
«Tuve que decidir si volaba la cúpula de ETA hace 20 años. Decidí que no. No sé si me equivoqué».
El director de El Mundo se frotó la manos. Su especialidad informativa vuelva a la primera línea de actualidad. Gracias al tema de los GAL, ha cosechado numerosos éxitos periodísticos, además de dolores de cabeza, y ha consolidado un periódico, como El Mundo, que nació de la nada en 1989.
El periodista riojano empezó a disparar:
«Es una confesión y como tal va a pasar a la historia. La publicación de estas revelaciones maracrán un antes y un después en la historia de nuestra democracia».
Instado en parte por sus compañeros de tertulia se preguntó por qué el entonces presidente del Gobierno decidió actuar de ese modo. La respuesta era sencilla para él:
«La razón por la que descartó y decidió no cometer ese crimen múltiple es porque, desde 1988, Diario 16 ya había descubierto las relaciones de los GAL con su Gobierno. Amedo y Domínguez ya estaban en la cárcel [desde el verano de 1988]. El foco sobre la guerra sucia estaba puesto en el Ejecutivo de Felipe González».
En otro momento de la tertulia, comparó estas afirmaciones con alguno de los capítulos de su historia periodística preferida:
«Es un episodio terrible. La guerra sucia fue el mayor abuso de poder que se ha dado desde la instauración de la democracia. Esta confesión tiene exactamente el mismo valor que el reconocimiento por parte de Nixon que él estaba detrás del Watergate».
La actuación de Felipe González, que «pone de relieve que «no tenía claros los límites de un gobernante», se explica, según Ramírez, porque:
En este contexto, profundiza:
«Felipe González aplicó el código -el fin justifica los medios- desde el primer momento que llegó al poder. Se emborrachó con los 10 millones de votos».
Efectivamente, como defiende el director de El Mundo, la guerra sucia protagonizada por los llamados Grupos de Liberación Antiterrorista es un manchón grande y difícil de eliminar en la trayectoria política de González, aunque judicialmente no está probado.
Ahora bien, es más que dudoso que el PSOE de 1982, incluso lo delimita a algunos dirigentes, no fuera democrático. Su contribución a la transición española fue decisiva.
Aunque su oposición a Adolfo Suárez fue cruel -de juguete la del PP de ahora en compración con la que protagonizaban Guerra y compañía-, estuvo al lado del Gobierno de UCD en los momentos claves. Facilitó la aprobación de la Constitución renunciando a máximos como el de su forma de estado preferida; los pactos de La Moncloa; el desarrollo de los estatutos autonómicos….
El problema es otro: los inesperados 10 millones de votos del 28 de octubre de 1982. Los socialistas estaban convencidos de su victoria y de su mayoría absoluta, pero no esperaban que fuese de esas dimensiones.
La borrachera de votos llevó a muchos dirigentes del PSOE nacionales, locales y regionales a comportarse como un elefante en una cacharrería.
Unos decretaban la muerte de Montesquieu y de su separación de poderes, otros llevaban a cabo expropiaciones dudosas y no faltaban los que se sentían impunes para hacer lo que creyesen oportunos en la lucha contra el terrorismo.
Quienes fueron testigo de esa época suelen coincidir en que los socialistas que mandaban se comportaban como si su permanencia en el poder fuese vitalicia y el porrón de votos que había conseguido le otorgase a hacer lo que estimasen oportuno por encima de leyes civiles o morales.
VERDAD MENTIRA
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Juan Carlos Escudier:«Debe de ser costumbre que los presidentes que nos tocan en suerte hagan la guerra por su cuenta. De la guerra sucia de González contra ETA pasamos a la guerra ilegal de Aznar en Irak»
Enric Juliana:«La ausencia del presidente del Gobierno [en los actos del Papa] fue clamorosa»
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Ignacio Camacho:«En España aún va a misa más gente que al cine. Los movimientos católicos tienen más militantes que los partidos y los sindicatos»




