LA MOVIDA DEL CENTRO

El gurú Arriola pone en solfa el peligro del «efecto Rivera» para el PP

Las elecciones están a la vuelta de la esquina y la tensión se instala en el juego político

El gurú Arriola pone en solfa el peligro del "efecto Rivera" para el PP
Mariano Rajoy y Pedro Arriola. EFE

El PP ahora sí afronta su paso del Rubicón. Hasta hoy, en el escenario electoral que se está formando en España (por un lado el eje izquierda- derecha, en el otro la vieja-nueva política) le había tocado bailar con la pareja más cómoda: Rosa Díez y su UPyD. Vamos, casi una bicoca.

Sin embargo, las cosas han cambiado. Quien está tomando carta de naturaleza en el nuevo teatro público no es la imagen de alguien que proviene del PSOE, con una trayectoria más larga que la del mismísimo Mariano Rajoy y que le ha llevado a ser incluso vicelendakari de la mano del PNV.

No, quien irrumpe en el salón de baile es un carismático joven, Albert Rivera, que bien podría por su apariencia haber salido de las Nuevas Generaciones, orgulloso de ser catalán y, por ello, español, sin pasado guardado en armario alguno, al que el centro derecha ve como uno de los suyos.

Un político con empatía que habla sin pelos en la lengua de reformar el sistema, porque se ha quedado anquilosado, de regenerar unos partidos que no han sido capaces de evitar a los «corsarios» que han metido la mano en la caja de todos.

Es decir, un hombre de ese cambio generacional que maneja con soltura los nuevos valores que ilusionan a jóvenes y menos jóvenes, enganchados a la política, que desean ser protagonistas de otra transición sin renunciar al camino andado.

Y, por ello, Rivera con su Ciudadanos, para cualquier observador desapasionado, ha llegado para quedarse.

Primero, claro, dándole un golpe mortal a los magentas de Díez, como Podemos se lo ha dado a IU: a eso se le llama hacer una fusión por absorción en la política.

Pero se equivocarían las mentes pensantes de Génova 13 si creen que la cosa se queda ahí.

Cierto, la descomposición del PSOE facilita a los de Pablo Iglesias meter su cuchillo en el votante socialista como si fuera mantequilla derritiéndose. Así mismo, es verdad que el Partido Popular hoy mantiene una unidad a prueba de casi todo por la fortaleza que aporta ser poder en cada rincón del país.

Claro, no es igual, no cabe la menor duda, penetrar las estructuras populares que las socialistas.

Aunque el «efecto Rivera», que empezó a detectarse en la pasada cita de las europeas con un crecimiento mayor de sus votantes fuera de Cataluña, no ha dejado de crecer, mejorando en perspectivas y en valoración ciudadana.

La marca Ciudadanos , ahora lanzada por toda España, incrementa el número de sus seguidores y su líder, cada día que pasa, es visto con más simpatía por el votante ¡moderado!

Y llega sin equipaje que pueda hacer pesado su camino, lo que le hace aún más peligroso.

Seguramente estamos ante el rival más peligroso para Rajoy en las próximas elecciones generales por el codiciado magma del centro.

No voy a cargar contra los asesores de La Moncloa y Génova que señalan (tozudamente) que el espacio del PP no lo ocupan otros partidos. No son ellos, aunque se llamen Pedro Arriola, los que toman las decisiones en el mayor partido de centro derecha español.

Sí diré, sin embargo, que considero que se equivocan quienes creen que Ciudadanos es una mera fuerza catalana de centro izquierda predestinada sólo a quitarle los votos a UPyD y PSOE.

Por esto mismo todavía tengo los ojos como platos al ver esta semana pasada cómo a los de Albert Rivera les ha dado carta de naturaleza Carlos Floriano y, luego, ha repetido la «hazaña» Soraya Sáenz de Santamaría.

Es un error de comunicación inesperado para mí.

Recordemos la primera regla del catón del juego de partidos: «Sólo puede haber un adversario electoral y éste, siempre, tiene que estar en un espacio de voto distinto al propio». Ergo: si surge otra formación que pelea tus votantes, la norma aconseja el silencio atronador.

Excusar la entrada del PP como elefante en cacharrería contra Ciudadanos en «no querer caer en el mismo error que con Podemos», al que no se le mencionó hasta que ya era un Frankestein incontrolable, es una ingenuidad.

Porque Pablo Iglesias no compite con Mariano Rajoy por el mismo electorado. Y, además, el centro derecha, tras el hundimiento del PSOE, necesitaba un nuevo adversario como Podemos (que tanto interés despierta) para contraponerse.

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Autor

Antonio Martín Beaumont

Antonio Martín Beaumont, politólogo y periodista, es el actual director de ESDiario.com.

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