“Así no vamos bien”

La acalorada discusión entre Errejón e Iglesias que precipitó la destitución de Pascual

En la formación de los círculos ya se traslucía el malestar que este martes con nocturnidad y alevosía se llevó por delante al secretario de Organización Sergio Pascual

La acalorada discusión entre Errejón e Iglesias que precipitó la destitución de Pascual
Sergio Pascual pasa por delante de Íñigo Errejón y Pablo Iglesias.

No vale la pena insistir en la exigencia a Pedro Sánchez de una vicepresidencia y media docena de ministerios

El debate de la no-investidura de Pedro Sánchez fue la mecha que hizo saltar las diferencias entre Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, por más que se haya intentado desviar la atención desde Podemos.

«Las cosas no pueden seguir así» o «así no vamos bien», se oyó que el portavoz parlamentario del partido morado le decía a su secretario general en la sesión parlamentaria (Hasta Público desmonta a Iglesias: «¿No quedamos en que la crisis de Podemos era una conspiración del PSOE y el Ibex?»).

Errejón, aseguran algunos mandatarios del partido, dejó traslucir el malestar con su amigo, acumulado incluso desde antes de que éste arrojase a la bancada socialista la «cal viva» de Felipe González o de que este martes Podemos se quedara sin número tres (Rafa Mayoral reconoce que las asambleas son historia en Podemos e Iglesias es el que manda).

En la formación de los círculos, una vez rota la vajilla, eludieron los focos y hablar en público y evitaron cuanto pudieron las entrevistas y las declaraciones en los pasillos del Congreso de los Diputados, a las que tan habituados están. «En boca cerrada no entran moscas» fue la norma de los dirigentes.

Desde los despachos del Grupo Parlamentario de Podemos, en la Carrera de San Jerónimo (que ha sustituido en la práctica al cuartel general del partido de la calle de Princesa 2), se decretó una suerte de «ley de silencio».

Pero el cúmulo de crisis territoriales y dimisiones les hizo mucho daño. Además, la bola de nieve de las disensiones crecía sin que nadie estuviese dispuesto a pararla. El desconcierto hacía mella en la organización.

Lógicamente, conscientes del estropicio, Iglesias y Errejón no tuvieron más remedio que dejar colgado su orgullo y, según me confirma un importante asesor del líder de Podemos, «actuar de forma profesional» para negar el desencuentro. Eso sí, el desmentido, vía Twitter, llegó después de una reunión entre las dos figuras podemitas que, según la misma fuente, «estuvo cargada de reproches» y en la cual «no fue sencillo llegar a la coincidencia».

Al parecer, ni uno ni otro salían de sus respectivos despachos en la Cámara Baja. ¿Quién cedió? Esa es otra cuestión interesante. La balanza se inclinó hacia Errejón.

Con todo, como los dos tenían claro que era imprescindible apagar el incendio, los atisbos de disidencia se conjuraron aplicando la estrategia marcada en el catón de los partidos «clásicos»: culpar de todos los males a las prácticas políticas del adversario, es decir, a una burda maniobra de intoxicación del aparato del PSOE apoyándose en los «poderes fácticos».

La aclimatación a los tiempos que corren, cargados de incertidumbre, no está siendo sencilla tampoco para los dirigentes de Podemos. Porque los números uno y dos del partido morado también escuchan el tic tac de unas nuevas elecciones y la presión de sus bases, que han comprado el mensaje de Pedro Sánchez culpándoles de que Mariano Rajoy siga en La Moncloa.

Asimismo, también en Podemos, como ocurre en las otras fuerzas políticas, existen camarillas, amigos, enemigos, fontaneros… que no siempre han adoptado una posición conjunta en los procesos internos más convulsos.

Y todo ello ha llevado a que muy rápidamente se hayan constituido bloques muchas veces enfrentados que este martes, con nocturnidad y alevosía, llevó a Podemos a fulminar a su secretario de Organización, Sergio Pascual, por «una gestión deficiente cuyas consecuencias han dañado gravemente a Podemos en un momento tan delicado como es el proceso de negociaciones para conformar un Gobierno del cambio».

No vale la pena insistir en la exigencia a Pedro Sánchez de una vicepresidencia y media docena de ministerios, que sobre todo sirvió para hacer visible que los tics de la vieja política seguían presentes en los enemigos de la «casta».

Cierto. Sin embargo, «confluencias» aparte, ni en el ánimo de Pablo Iglesias ni en el del propio Íñigo Errejón está apuntalar a Sánchez y convertirlo sin más en presidente del Gobierno. Ahora, mientras Iglesias tiene menos prisa, Errejón, más posibilista, tiene mayor problema para esquivar el vértigo de ser ministro ya.

Autor

Antonio Martín Beaumont

Antonio Martín Beaumont, politólogo y periodista, es el actual director de ESDiario.com.

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