ELECCIONES GENERALES EN ESPAÑA

La increíble fuga de Angel Garrido a Ciudadanos y el bochorno del PP al que juró fidelidad

La increíble fuga de Angel Garrido a Ciudadanos y el bochorno del PP al que juró fidelidad
Ángel Garrido e Ignacio Aguado (CS). EP

La sorprendente marcha de Ángel Garrido a Ciudadanos, tras haber aceptado su incorporación a la lista europea del PP, no deja muy bien retratado a nadie (Los taxistas trasladan su violencia al centro de Madrid, rodean la sede del PP y gritan «Garrido dimisión»).

No al protagonista, que dimitió como presidente de la Comunidad de Madrid tras aceptar su salto a Bruselas, evidenciando con ello que la indignación por su marginación como candidato o su afinidad con otro partido alternativo no daban, al menos entonces, como para renunciar a un cargo público bien remunerado (Ángel Garrido: «La dictadura venezolana sólo genera el exilio y la pobreza extendida de sus ciudadanos»).

Nadie lo esperaba, nadie se lo olió, nadie le creyó capaz de algo así. Hasta que este miércoles por la mañana el expresidente de la Comunidad de Madrid y candidato del PP a las elecciones europeas -era el cuarto de la lista- compareció junto a Ignacio Aguado para anunciar su fichaje por Cs y clavar una daga en el corazón del PP. Será el número 13 en la lista a la Comunidad.

Todo lo que Garrido ha hecho y dicho hubiese tenido sentido si, al conocer que iba a ser relegado tras suceder a Cristina Cifuentes, hubiese anunciado su despedida. Pero no, si algo le molestó entonces al dirigente popular, se lo calló y aceptó convertirse en eurodiputado entre mensajes de apoyo a Pablo Casado y a su sucesora, Isabel Díaz Ayuso.

Tampoco queda muy bien en esto Ciudadanos, que incorpora una vez más a cualquiera dispuesto a darle un titular, anteponiendo el fogonazo a la coherencia y enviando un mensaje hipócrita a la ciudadanía.

Pero quien peor queda es el propio PP, especialmente en su federación madrileña, una jaula de grillos que no para de ofrecer espectáculos y de comportarse como un pollo sin cabeza.

Para demostrar lo desleal que, a juicio de la dirección nacional ha sido Garrido, han distribuido a la prensa la declaración jurada que el expresidente madrileño firmó el pasado lunes (aunque el formulario estaba hecho desde el 16 de abril), aceptando ir incluido en la candidatura del PP a las elecciones europeas.

De este partido han salido hasta tres presidentes en una legislatura (Cifuentes, el propio Garrido y el provisionalísimo Rollán); varias direcciones regionales (a cual más caprichosa e irreconocible) y un ramillete de decisiones insólitas entre las cuales destaca la designación de candidatos a importantes alcaldías que no salen del juzgado o insultan, sin control alguno, a periódicos como éste.

El bombazo de Garrido, a escasos días de las Elecciones Generales, se ha soltado para dañar al PP en sus horas más cruciales y con Pablo Casado como gran objetivo y Albert Rivera como supuesto máximo beneficiario

Pero en realidad perjudica a todos, por distintas razones, y explica de algún modo el auge de Vox: el votante conservador y liberal que antes se cansaba de estos numeritos pero no tenía dónde ir, ahora dispone de otra opción.

Y esto es especialmente claro en Madrid, donde el PP ha agotado sobradamente la paciencia de sus múltiples y disciplinados votantes. Esperar que sigan firmando un cheque en blanco es una temeridad.

No se pueden dar tantos espectáculos políticos, penales e internos y suponer que el elector va a seguir mostrando lealtad a una siglas que le maltratan.

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