El líder de Podemos utilizó al vendedor de su nueva sede como pantalla para ocultar los 72.600 € de comisión a su tía

Pablo Iglesias: azotador, amigo de ayatolás, chavista y encubridor… de su tía

El tipo que ideó la operación fue Daniel de Frutos, jefe de Finanzas y Transparencia de Podemos, el de la ‘caja B’ del partido

Pablo Iglesias: azotador, amigo de ayatolás, chavista y encubridor... de su tía
Pablo Iglesias, la sede de Podemos y los dineros de la tía. PD

No hay por donde agarrarlo, pero no por escurridizo, sino por el asco que da el ahora omnipresente Pablo Iglesias, aquel que escribía a sus compinche Monedero que soñaba con azotar a Mariló Montero ‘hasta que sangrase’ y se pasó seis meses hocicando en la tarjeta del móvil de sus subalterna, llena de fotos íntimas y mensajes de correo personales.

El asunto de la comisión cobrada por la tía del vicepresidente segundo del Gobierno y secretario general de Podemos se vuelve cada día más turbio: la periodista Teresa Goméz desvela este 28 de julio den 2020 en OKdiario que Pablo Iglesias maniobró para ocultar que su familiar, Paloma Pérez-Marín Turrión, prima hermana de su madre, cobró una comisión de 72.600 euros de  la formación morada.

Como no podía aparecer en la contabilidad del partido porque hubiera dejado rastro del parentesco, Iglesias ordenó un alambicado modo de sortear la comisión. Así, se utilizó a la empresa que le vendió su nueva sede, Transhotel Patrimonial SL, como intermediaria para que abonase dicho pago.

La maniobra urdida por Iglesias, a instancias del tesorero, Daniel Frutos, fue lograr que Transhotel abonase la comisión a la tía de Pablo Iglesias.

En un documento se acordó que Podemos pagara a la entidad vendedora los 72.600 euros de la comisión y que Paloma Pérez-Marín Turrión emitiera después la correspondiente factura a Transhotel, para que fuera esta empresa quien formalmente abonara los 72.600 euros.

O sea, Podemos paga a Transhotel y Transhotel paga a la tía del secretario general para no dejar rastro de la operación en el partido.

Así, con este cambalache, el tesorero pensó que resolvería el problema: en el partido no habría conocimiento de la comisión y Pablo Iglesias podría salirse con la suya, al no figurar el nombre de su tía Paloma Pérez-Marín Turrión en la facturación de Podemos.

No hay que ser un lince para concluir que estamos ante un presunto delito de administración desleal, además de ante una vulneración flagrante del código ético de Podemos.

El procedimiento empleado por Iglesias para esconder a su familiar, además de turbio y revelador de cómo se las gasta el vicepresidente del Gobierno, era el menos favorable para los intereses financieros de la formación morada.

Y, sin embargo, a instancias del dirigente podemita se perpetró una operación opaca con el objetivo concreto de ocultar la comisión de su tía.

Si en Podemos quedara alguien con dignidad, a Pablo Iglesias le estarían pidiendo a esta hora explicaciones, pero no lo harán.

Son muy valientes para denunciar la corrupción ajena, pero muy cobardes para pedirle responsabilidades al jefe encubridor de comisiones. Así les va.

 

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