La inteligencia artificial ya forma parte del trabajo diario de muchos profesionales. Se utiliza para redactar documentos, analizar datos, preparar informes o resumir reuniones. Sin embargo, muchas empresas todavía no saben quién emplea estas herramientas con criterio y quién acepta sus respuestas sin comprobarlas.
La consultora española Psicosoft quiere responder a esa pregunta con AI Challenge, una prueba diseñada para evaluar el uso práctico de la inteligencia artificial. No plantea un cuestionario teórico. Sitúa al participante ante una tarea profesional y analiza cómo trabaja con la herramienta.
La prueba ya está disponible, según informa la compañía.
Su lanzamiento llega en un momento relevante. Las obligaciones sobre alfabetización en inteligencia artificial del Reglamento europeo de IA se aplican desde el 2 de febrero de 2025. La norma pide a proveedores y responsables del despliegue de sistemas de IA que adopten medidas para garantizar un nivel suficiente de conocimientos entre las personas que los utilizan, como explica la Comisión Europea.
Una prueba práctica de 45 minutos
Durante AI Challenge, el participante recibe el expediente de una empresa distribuidora que estudia lanzar una nueva línea de negocio. Su misión es preparar una recomendación para el comité de dirección.
Para resolver el caso dispone de la documentación necesaria, un asistente de inteligencia artificial con el que puede conversar libremente y 45 minutos para entregar una propuesta.
La prueba no se limita a valorar el documento final. También observa todo el proceso: qué instrucciones se dan a la IA, cómo se organiza el trabajo, qué comprobaciones se realizan y qué información se comparte.
No se evalúa solo lo que la persona sabe. Se evalúa lo que hace.
Escribir buenos prompts ya no basta
Según Psicosoft, AI Challenge evalúa cinco competencias:
- La forma de dar instrucciones a la inteligencia artificial.
- La capacidad para organizar el trabajo con la herramienta.
- La revisión crítica de las respuestas obtenidas.
- La protección de información confidencial o sensible.
- La calidad de la propuesta final.
Todas influyen en el resultado, pero el juicio crítico y el manejo responsable de los datos tienen un peso especial. Estas dos capacidades permiten distinguir entre quien utiliza la IA como apoyo y quien delega en ella decisiones que debería seguir controlando.
El riesgo profesional no está solo en escribir una instrucción poco precisa. También aparece cuando una persona acepta una cifra falsa porque la respuesta parece convincente o introduce información reservada en una herramienta sin comprobar cómo se tratarán esos datos.
El Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos identifica las confabulaciones —contenido falso o erróneo presentado con seguridad— entre los riesgos de la inteligencia artificial generativa.
La Agencia de la Unión Europea para la Ciberseguridad también sitúa la seguridad, la privacidad y la gestión de riesgos entre las cuestiones centrales para un uso responsable de la IA.
Una política interna puede establecer límites, pero no demuestra por sí sola cómo actuará un profesional ante una situación concreta. Esa es la diferencia que busca aportar una evaluación práctica.
«Nos hemos acostumbrado a que la respuesta llegue en cinco segundos y bien escrita. El problema es que una respuesta bien escrita resulta convincente aunque sea falsa, y ahí es donde la gente baja la guardia. Lo que medimos no es la habilidad técnica: es si la persona sigue pensando cuando ya tiene la respuesta delante», explica Sergio Yáñez, director de Innovación de Psicosoft.
La inteligencia artificial también puede acelerar los sesgos
La prueba funciona como diagnóstico. Psicosoft la complementa con un programa de formación basado en una idea sencilla: el criterio profesional no se automatiza.
La inteligencia artificial puede generar una respuesta en pocos segundos. Sin embargo, convertir esa respuesta en una decisión sigue siendo responsabilidad de una persona.
Estas herramientas tampoco eliminan automáticamente los sesgos humanos. Pueden reproducirlos, acelerarlos o hacerlos más difíciles de detectar al presentarlos mediante un texto claro y bien estructurado.
Para reducir ese riesgo, la consultora utiliza el método P.I.E.N.S.A., un proceso de seis pasos que debe aplicarse antes de transformar una respuesta de la IA en una decisión:
- Plantear si se está resolviendo el problema correcto.
- Interpretar qué significa realmente la información.
- Examinar las evidencias que la respaldan o la contradicen.
- Incorporar nuevas perspectivas.
- Cuestionar los supuestos de partida.
- Asumir quién responde personalmente de la decisión.
Según Psicosoft, por este programa ya han pasado profesionales de distintos sectores. Los ejercicios se construyen a partir de situaciones reales de cada organización.
Selección, diagnóstico y desarrollo profesional
AI Challenge está pensado para tres usos principales.
El primero es la selección de personal para puestos en los que la inteligencia artificial forma parte del trabajo habitual. La empresa puede observar cómo actúa el candidato, no solo qué conocimientos afirma tener.
El segundo es el diagnóstico interno. La prueba permite identificar qué profesionales necesitan formación y en qué competencias concretas deben mejorar.
El tercero es la evaluación antes y después de un programa formativo. De este modo, la organización puede comprobar si ha cambiado la manera de utilizar la inteligencia artificial.
De acuerdo con Psicosoft, la empresa no recibe únicamente una puntuación. También accede al trabajo completo del participante y a las evidencias que justifican cada valoración.
La decisión final sobre una contratación, una promoción o una necesidad de desarrollo continúa en manos de una persona. La prueba aporta información para tomarla, pero no sustituye el criterio humano.
Ese es también el mensaje de fondo de AI Challenge: utilizar una inteligencia artificial es fácil. Saber comprobar sus respuestas, proteger la información y decidir con responsabilidad exige algo más.
