Para que lo trabajara y custodiase. 23. Remolacha azucarera. 2.

Por Carlos de Bustamante

( Campo. Acuarela de Zbukvic en jzbukvic.com/Home.html) (*)

Para el amo de turno -les decía- el cultivo de la remolacha azucarera fue una novedad… desagradable. Como hace quizá años ya dije en este blog lo suficiente sobre las remolachas, pasaré de puntillas sobre las ingentes labores que precisan. Añadiré sólo, que, visto lo cual, tomó la firme decisión de humanizarlas. Y ¡voto al chápiro verde! que el humanitario plan le costó un riñón y parte del otro. Y pensó: ¡Bah, total una deuda más bien mereció contemplar el ocre del Cacho de Carraprao teñido de un verde espectacular! Surco tras surco cuajado de hojas hermosas que se abrían en abanico hasta cubrir el suelo donde, se suponía con raíces tan hermosas como las hojas compensarían gastos sudores y trasudores de las numerosas cuadrillas que, “como los hortelanos plantando berzas, levantaron, con perdón y día tras día de entresacar, más el culo que la cabeza”.

Y cuando a grandes zancadas, y a poco de amanecer, recorría el cacho de alto en bajo, alabó a Dios que hizo tan verde “La Verde”. Una vez más ante el claro-oscuro de la vegetación exuberante cubierta de escarcha, recordó agradecido el tantas veces repetido himno de los tres jóvenes (“trium puerorum”): `rocíos y escarchas, bendecid al Señor´. Así y con la sonrisa de oreja a oreja, dejó impresa la huella del pisar recio en el camino que le llevó al remolachal en el Cacho de los Robles. Nombre que le vino por la espesura del robledal más apretado en la gran Roturación antes de que el bravant tirado por los bueyes del rentero, descuajara el monte de la tierra más feraz de la Dehesa.

Como la “culebra que entre flores se desata”, que dijera nuestro Calderón de la Barca en una de las estrofas que no me resisto a trascribir si la memoria no me falla de La vida es sueño, el agua corría surco tras surco lenta pero segura saciando la insaciable sed de las raíces que, -infelice-, creía agradecidas.

“Nace el arroyo, culebra
que entre flores se desata,
y apenas, sierpe de plata,
entre las flores se quiebra,
cuando músico celebra
de las flores la piedad
que le dan la majestad
del campo abierto a su huida;
¿y teniendo yo más vida
tengo menos libertad?

Porque con el riego que el “señor Demetrio” le estaba “mangando” (dixit) las remolachas, aún adolescentes, prometían en verdores aún más que las del Cacho de Carraprao en el no va más de la superación.

-Cuál éstas, diquiá el arique y más riegos que las mangue “ó”, remolachas como cántaros, dijo tras restregarse con el brazo los morros del vino que se le escurrió del chorro de la bota. ¡A ver…!, finalizó “sastifecho”. Y el amo de turno entre dientes: -Que es mucho Demetrio el señor Demetrio.

Pasó un día y otro día, pasó un mes y otro mes… y, como a traición, llegó el “ivierno”.
Más que esperanzado, ansioso, acudió el amo a regodearse con el espectáculo de arrancar a golpe y palanca de los picos de doble punta las remolachas como cántaros….

A la letra se cumplió fatídicamente el cuento de la lechera. Tanto esperaban amo y regador del Cacho de los Robles, que el cántaro se rompió en mil pedazos.

Como el hielo que endurecía la tierra a prueba de picos, así se les heló la sonrisa a los que se las prometían tan felices. Más que cantaros, las remolachas como floreros en sus verdores, Parecían “acenorias” de un más que dudoso hortelano. ¡Una cosa “isquerosa”!

Más y mejor le hubiera valido al señor Demetrio no bajar al corte aquel día aciago. Y más al amo de turno quedarse en casita al amor de la lumbre, porque una sonrisa indisimulada y burlona recorría el rostro de cuantos, en continuo picar y apalancar arrancaban a la tierra ¡muslos de gurriato! que todo parecido a remolachas “en condiciones” era pura coincidencia… Como una pesadilla golpearon las mientes del amo los versos del clásico de nuestro siglo de oro:

“Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.

Yo sueño que estoy aquí
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son”.

En recorrido imparable, verán, si Dios es servido, mis amigos y probables únicos lectores en artículos por hilvanar, nuevas aventuras y desventuras de las que, más testarrón que una mula, siguió el amo de turno, erre que erre en cumplimentar el mandato divino e trabajar y custodiar la tierra que le fue encomendada. Nos vemos…


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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