Ruta del incendio de Valladolid de 1561. II

Por José María Arévalo

( Calle de la Platería, de Valladolid, con la iglesia de la Vera Cruz al fondo. Pintura antigua) (*)

En el artículo anterior les contaba que, la “visita guiada” de la asociación de jubilados a la que pertenezco, Amsafa, se realizó el pasado mes de mayo sobre la Ruta del incendio de Valladolid, en el actual centro de la ciudad, y sobre ella ha publicado un estupendo artículo en la revista de la asociación, El Mirador, Fernando Escudero, que titulaba “Ruta del incendio de Valladolid de 1561 (historia y curiosidades)”; dada su extensión ya publicamos lo referente al incendio y la reconstrucción, para dedicarnos ahora a la información que proporciona sobre la política de la época, en torno al Rey Felipe II, y los rincones actuales de la zona incendiada que recuerdan la reconstrucción.

“1561 – escribe Fernando Escudero – es el año del definitivo emplazamiento de la corte en Madrid, con todo su aparato y parafernalia. Felipe II es todavía un joven Rey (34 años), casado con la princesa de la vecina Francia, Isabel de Valois (hija de Enrique II y Catalina de Médicis). Apenas hace cinco años que ha sido proclamado Rey, justamente en Valladolid (28/marzo/1556) y en esos momentos de su complejo gobierno de todos los reinos de la Monarquía Hispánica, anda especialmente atareado en acallar los brotes protestantes surgidos intramuros [Autos de fe de Valladolid de 1559 (21 de mayo y 8 de octubre)], y en resolver los problemas con los hugonotes en Francia, primordialmente.

Valladolid, la villa natal del Rey, había sido recientemente sede de la corte, y por tanto, parte de su trazado urbanístico se realizó pensando en proveer digno aposento no sólo a la familia real, sino a la multitud de nobles y cortesanos que la acompañaban. Basta echar, actualmente, una mirada a la ciudad y contar o ver la cantidad de vestigios de
época: regios palacios (Real, Villena, Pimentel, Santa Cruz, Fabio Nelli, Condes de Benavente….), casas nobles (Colón, Zorrilla, Cervantes….), la Universidad, la Chancillería….Pero si la llegada de la corte había multiplicado viviendas y, en consecuencia, la agitada vida social había provocado un gran empuje económico, su marcha suscitó el efecto contrario: decaimiento de la prosperidad, abandono de multitud de alojamientos y descenso de la población con su correspondiente influencia mercantil.

A los vallisoletanos les costó mucho entender qué motivos habían llevado al Rey a instalarse a orillas del por entonces maloliente Manzanares. ¿Podía abandonar el Rey así su tierra natal? ¿No sería mejor que permaneciera sin hacer mudanza, para evitar los muchos inconvenientes que se derivarían de tamaña acción?: Esto último fue un deseo que no se cumplió ya que parecía “convenir” más el traslado, a pesar de todas las consecuencias que se siguieron de esta decisión. “Solo Madrid es Corte”, se afirmaba taxativamente a mediados del siglo XVIII; y lo fue a partir de 1561 y aún después del segundo traslado a Valladolid (1601- 1606), ya en tiempos del monarca Felipe III.”

Tras esta reseña histórica, recogemos ahora lo que escribe Fernando Escudero sobre los rincones actuales de la zona incendiada que recuerdan la reconstrucción, y que fueron objeto principal de la visita guiada.


( Plaza del Ochavo. Señalada en azul, la casa donde una placa indica el lugar de nacimiento de san Pedro Regalado. Junto a la primera columna de la derecha (en el recuadro), cuelga la argolla donde la leyenda dice que se colocó la cabeza de don Álvaro de Luna) (*)

CALLE PLATERIAS

“8 de julio de 1998: ante el anuncio de las obras de remodelación de la calle Platerías de Valladolid, uno de los periódicos locales (El Norte de Castilla) trasmite la queja de propietarios de viviendas y comercios de la zona que no ven sino la repercusión negativa para su economía que la realización de dichos trabajos pueda conllevar.

Poco después tanto la prensa nacional como la regional, publica artículos en los que se explicita la imperiosa necesidad de acometer los trabajos de renovación de la infraestructura urbana, a fin de devolver a la zona afectada el aspecto que la hizo merecer los elogios de propios, viajeros y extranjeros a lo largo de varios siglos. En efecto, parecían no carecer de razón aquellos que llegaron a denominarla, a finales del s. XVI “la calle más hermosa de toda Europa”. Y curiosamente la misma oposición y rechazo a las obras manifestaron los vallisoletanos cuando Felipe II les solicitó ayuda para la reconstrucción de esta zona, tras el que fuera el más espantoso y terrible incendio que ha sufrido esta ciudad en toda su historia: el que comenzó la madrugada del día 21 de setiembre de 1561 (Fiesta de San Mateo) en la casa de un platero sita en la antigua calle de la Costanilla, hoy Platerías.

En aquella situación la propuesta del rey pareció un gran despropósito: ¿encima de haber perdido vivienda y negocio en esta tragedia, tener que someterse al pago de impuestos especiales y sisas [palabra que procede del francés antiguo “assise” (impuesto)] o invertir grandes sumas, o verse obligados a demoler edificios (la mayor parte de las viviendas) que no encajaban bien en el nuevo trazado?. ¿Qué pretendía Su Majestad?. ¿A qué cuenta hacer traer a un arquitecto foráneo, trabajadores y materiales en gran cantidad?. Sin embargo, pocos años más tarde, ante la obra acabada, las protestas se troncaron en loas y agradecimientos a un rey que había mostrado su gran afecto hacia esta, su Villa natal, a la par que un interés enorme porque de lo que fueron cenizas, renacieran edificios que devolvieron la grandeza a la que fue asiento de su corte durante unos pocos años (1601-1606). Felipe II quedaba de esta manera indisolublemente unido a Valladolid.

( Cadena en la Plaza del Ochavo) (*)

RINCONES DE LA CALLE PLATERÍAS

Originariamente llamada de la Costanilla, dado que se denominaba así a toda calle que estuviera en rampa, hoy diríamos “cuestecilla”, y la calle que luego sería de la Platería era conocida entonces por este nombre.

1.- La casa ubicada en la confluencia de las calles de Rúa Oscura y Macías Picavea (antes de Cantarranas) fue el lugar en donde se inició el incendio de 1561 (21 de Setiembre – Fiesta de San Mateo). Se considera que es el edificio civil más antiguo de la ciudad que se conserva, construído a finales del siglo XIV. El edificio consta de local comercial más tres pisos de altura. Se encuentra junto a la iglesia de la Vera Cruz, aunque pertenece al número 2 de la calle Rúa Oscura. En 1999 el Ayuntamiento subvencionó un lavado de cara de su fachada (la cual estaba enfoscada con cerca de 8 centímetros y el yeso se caía a diario, provocando riesgo para los viandantes) pero su estructura original presenta deficiencias al no haberse reparado en muchos años.

1.A.- Azulejo significativo: ASEGURADA DE INCENDIOS (Calle Macías Picavea).

( La casa más antigua de Valladolid que se conserva, en Platerías) (*)

1.B.- La cadena de hierro (argolla de la “casa de la Aldaba”) que se ve colgada del muro de esquina de la casa nº 1 de la C/.Macías Picavea, antes de Cantarranas, se puso en recuerdo de que por dicha casa empezó tan horroroso incendio (Casimiro González García).

2.- En el número 13 vivió el platero Juan García quién, denunciado por su mujer, pagó con su vida su afición a las doctrinas protestantes del Dr.Cazalla en el Auto de Fe de 1559.

3.- Zona (marcada en el suelo) por la que pasaba el ramal norte del río Esgueva.

4.- Bajos característicos de dos pisos en las casas reconstruidas de la Calle Platerías.

5. – En la casa nº 1, una placa señala el lugar dónde nació San Pedro Regalado (monje franciscano) en 1390. Patrón de la ciudad desde 1746 cuando el papa Benedicto XIV le proclamó santo. Fue bautizado en la iglesia del Salvador después de producirse la conversión paterna tras una violenta persecución social y doctrinal de algunos conversos influyentes. Esta casa fue reformada tras el célebre incendio. El santo ha sido declarado patrono de los toreros, proponiéndolo algunos devotos en la actualidad como patrono de Internet, como en su día lo fuera propuesto por los aviadores.

PLAZA DEL OCHAVO

Según cuenta Juan Agapito y Revilla en su libro titulado “Calles de Valladolid”, la cervantina plaza del Ochavo fue llamada así por haberse colocado en ella una fuente del famoso viaje de Argales cuyo pilón era ochavado, o sea de ocho lados, decidiendo el Regimiento reconstruir las casas de la plaza coincidiendo con la forma de aquella desaparecida fuente. Según Antolínez, el agua de Argales se la debió Valladolid al convento de San Benito, que era su propietario y cedió su uso público a cambio del mantenimiento de la red de traída. Debió de ser agua de gran calidad, pues un refrán de la época que se refiere a las maravillas de la ciudad, termina citando “los dos portales y el agua de Argales”. (Los dos portales son las fachadas San Gregorio y San Pablo).

( Casa de la calle Vicente Moliner. Acuarela de J.M Arévalo) (*)

Hay también una curiosa anécdota recogida por Ventura Rodríguez. Ocurrió que, como era costumbre durante las procesiones, en una dedicada a San Félix de Cantalicio, las comunidades religiosas levantaron cada una un altar en el recorrido de la comitiva. En el Ochavo, los descalzos hicieron uno que salía de lo normal, pues era todo a base de estanterías llenas de tiestos y pequeñas tallas. Debió de ser la comidilla de la gente, y los frailes habrían oído comentarios y estarían algo dolidos. El caso es que se acercó un jesuita al altar y “comenzó a examinarlo con sus anteojos, y notando la simetría de los tiestos y santos, respondió a la pregunta que le hicieron de lo que le parecía, y dijo: muy buena botica esta”, o sea, que con tanto bote, le parecía la estantería de una farmacia, “a lo que respondió muy pronto un descalzo: pues sí está buena la botica, púrguese aquí y a cagar a su altar….”. Amén. El clero en tiempos antiguos podía llegar a ser así de agresivo.

Los que al pasar por esta plaza alcanzan a ver una argolla que cuelga de una cadena de dos o tres eslabones en el soportal cerca del inicio de la calle Platerías, imaginan pendiendo de ella una cabeza cortada y, más concretamente, la cabeza de un personaje ilustre de la historia de Castilla: D. Álvaro de Luna, famoso válido del rey Juan II que, víctima de las conspiraciones de sus enemigos políticos, fue condenado y ajusticiado en Valladolid (1453) debido al exceso de poder acumulado en su persona. Esta es la historia anecdótica que se cuenta a los visitadores de la ciudad, y grupos varios de turistas que vienen a admirar la calle de la Platería, con la iglesia penitencial de la Vera Cruz cerrando la misma, en esas ya famosas noches de procesiones de la Semana Santa vallisoletana. Nada más falso que esta suposición, pues las argollas (tanto esta como la de la casa en la que se originó el incendio), la única función que desempeñaron en tiempos antiguos, fue la de sostener las colgaduras que a modo de toldos se colocaban durante la procesión del Corpus y que protegían de los rigores del sol de verano, época en que solía celebrarse dicha procesión. Además, en la época en que se construyeron estas casas, Álvaro de Luna llevaba muerto más de un siglo.

Otra teoría sobre la presencia de estas cadenas no es, ni mucho menos, así de tétrica. En esta calle estaba asentado uno de los gremios más prósperos, el de los plateros. Su poder alcanzó tal nivel que se les concedió la regalía de, literalmente, echar la cadena a la calle de noche para indicar que se prohibía el paso de las autoridades en la persecución de quien allí se refugiase.

Junto a su destino de servir de protección a los vendedores situados en ella, la Plaza del Ochavo, debido a su estratégica situación en los itinerarios seguidos por las procesiones (en las que no solía faltar la penitencial de la calle de Platerías), para las cuales el paso por Plaza Mayor solía ser obligado, hicieron de la Plaza del Ochavo uno de los lugares en que organismos y cofradías honraban las imágenes en procesiones y rogativas, con la colocación de altares adornados con tapices, imágenes, espejos y cuantos objetos se consideraban adecuados para honrar el ofrecimiento (abanicos, floreros, plumas exóticas, relicarios, etc.).

La peculiar forma de la plaza quizá se debiera tanto a la necesidad de articular la posibilidad de acceder a la Plaza Mayor desde las calles que confluyen en ella o acceder desde la Plaza Mayor a la Iglesia de la Penitencial de la Santísima Vera Cruz, situada al fondo de la calle de Platerías, dadas las excelentes relaciones que existieron entre la cofradía y el Ayuntamiento de la ciudad (especialmente durante el siglo XVII), que entre otros momentos, se manifiesta anualmente en la fiesta de la Santa Cruz (el 3 de mayo de cada año) que contaba con la presencia del Regimiento de la ciudad en la procesión organizada por la cofradía, (como reproduce un cuadro del siglo XVII que recoge la procesión de la Cruz, y en cuyo primer plano, a la izquierda, se observa un coche de caballos en el que se encuentra una mujer, quizá la esposa del Regidor al que no podía acompañar en la procesión por estar prohibido a las mujeres).

PLAZA DEL CORRILLO

( Desde la Plaza del Corrillo. Acuarela de J.M. Arévalo) (*)

En 1926 Jacobo Romero Fernández consigue el oportuno permiso del entonces arquitecto municipal Juan Agapito y Revilla, para construir el edificio principal de esta plaza, con fachadas a la Plaza Mayor, la del Corrillo y la calle de Alarcón. A pesar del estilo conservado en toda la plaza, el proyecto se desmarca abiertamente ya que al parecer fue aprobado en aras del llamado “Renacimiento español con libertad de composición”, citado en la memoria del proyecto. En definitiva, la construcción de este edificio fue polémica pues rompía con la estética tradicional de la plaza Mayor.

La fachada a la Plaza Mayor resulta bastante sobria comparada con la del Corrillo, considerada la principal del edificio y en la que tienen cabida todos los estilos.

• Dos esforzados atlantes (columna con figura de hombre que sostiene sobre su cabeza o sus hombros la parte baja de una cornisa) soportan el saliente del balcón de la primera planta, sobre el arco de la puerta del local comercial (Café Ideal Nacional).

• Parte superior (centro y derecha) de la fachada a la Plaza del Corrillo, en la que pueden apreciarse la diversidad de huecos y balaustradas así como pilastras y el frontón que asienta sobre las mismas.

• Balcones de las plantas principal y primera, en la esquina con la calle Alarcón, con balaustradas de piedra y forja, respectivamente.

RESULTADO FINAL

Realizados los trabajos eficazmente entre 1562 y 1576, el nuevo centro de Valladolid acogió recursos arquitectónicos novedosos en España, como la colocación de muros de ladrillo o piedra, con función de cortafuegos, colocados cada diez casas, así como un servicio nocturno de vigilancia provisto de trompetas (futuros serenos). Pero lo más importante fue la aplicación de criterios renacentistas en el nuevo urbanismo, con un trazado de calles rectas, casas de la misma altura y fachadas uniformes, algunas manteniendo los soportales adintelados sobre zapatas, pero utilizando columnas de piedra de una sola pieza de aire clasicista. Otro elemento peculiar de estas viviendas es la distribución de la planta baja a dos niveles, con el despacho comercial a ras de calle y encima el taller de artesanado, trazado que todavía permanece en algunos negocios de los tramos con soportales y de la calle Platerías. Por el contrario, han desaparecido de los soportales aquellos huecos abiertos en el techo para facilitar la llave por la noche cuando las puertas estaban cerradas, recurso más utilizado de lo que se puede pensar en una ciudad con abultada población universitaria.

En aquella reconstrucción se forjó una nueva imagen arquitectónica del centro de Valladolid que sería motivo de admiración a los ojos de los visitantes extranjeros. A pesar de incorporaciones y renovaciones posteriores, de aquel centro reconstruido permanece viva su estética en la calle Platerías, en la plaza Fuente Dorada y en la Plaza Mayor, espacios modernos que sirvieron de modelo para otras ciudades españolas, americanas y europeas”.

Una interesantísima, en fin, visita guiada por nuestro Valladolid histórico.


(*) Para ver las fotos que ilustran este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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