Para que lo trabajara y custodiase. 25. Alfalfares. 2

Por Carlos de Bustamante

( En la estación de Corcos. Acuarela de José María Arévalo. 34×46) (*)

Habrán leído mis amigos en (1) de alfalfares, que el Sr. Rufo no parecía estar muy de acuerdo con la regeneración por la alfalfa de los cachos “marrotados” por el rentero. Sin embargo, dispuso que Mariano `Fogato´ los `mangase´ con su par de mulas una arada `superior´ antes de que llegase el `ivierno´.

Los hielos de aquellos inviernos de antaño, de tal forma penetraron en las túrdigas y terrones levantados por el arado más potente, que, al deshielo, los reventaron en mil pedazos. `Agradados´ luego, con las múltiples `pubas´ (púas) de las gradas, dejaron el Cacho de los Robles y el de Carraprao como una carta. Lisos y pulverizados para recibir en condiciones las diminutas semillas de la alfalfa. El maestro del riego, de sembrar a voleo y de tantas otras labores, `en cuantis´ que vio en el almacén los sacos de semilla de alfalfa, grandes, repletos, comprados por el amo de turno en `cá´ Benavides de la capital, a escape preparó con mimo las sembraderas. ¡Que era mucho Vidal `Peduco´ pa estos menesteres! ` ¡Si lo sabré ó…! ´.

Llegó, al fin, la primavera. Y tras varios días de lluvia, mansa, penetrante, se echó Peduco la sembradera al hombro y repleta de una de las más diminutas de las semillas, comenzó el pequeño gastador -que `nian´ la mili cumplió por no dar la talla- a lanzar puñados de sembradura mezclados con arena para mejor distribución. Con trabajo de sol a sol, el Cacho de los Robles descansó en espera de cobrar pronto vida.
Sin pausa ni aparente cansancio, en pocos días el Cacho de los Robles corrió la misma suerte. Prisas necesarias, para aprovechar el tempero que dejó en las tierras la bendición de la lluvia.

Dado `el parte´ primero al sr. Rufo de labor terminada, y sin esperar contestación alguna, le miró sonriente y exclamo `sastifecho´:

– ¡Cuál, éstos (los cachos), `diquiá cuatro días´, como los pelos de la cabeza! Fueron algunos, pocos, más, pero en un día luminoso, el amo de turno descubría encantado cómo el vaticinio del pequeño, pero maestro, se cumplía con creces. ¡Que era mucho Vidal “Peduco” pa estos menesteres! ` ¡Si lo sabré ó…! ´. Ante el espectáculo que se le ofrecía a sus ojos, siempre asombrados por el proceso natural de una naturaleza divinamente creada, elevó lo natural a otro escalón que le llevó desde esta base a lo más trascendente. Sobrenatural.

Cuando el amo de turno vio en el cacho de Carraprao los pequeños brotes nacidos de cada una de las diminutas semillas de alfalfa, el despuntar de vidas nuevas, tuvo un recuerdo que se le `vinon de inmediato a las mientes´. Recordó, y así me lo dijo en confidencia personal, lo que escuchó en una charla en el colegio mayor Miraflores dada por un joven sacerdote a universitarios y Caballeros Cadetes de la Academia General Militar en Zaragoza: “buscar la perfección cristiana por la santificación del trabajo ordinario a través de la profesión y del propio estado de cada uno”. Lo que por aquel entonces -muy torpe- no acabó de entender, lo contemplaba ahora con claridad meridiana. Cuasi olvidados los latines que estudió en el muy largo bachillerato, se le vinon, no obstante, las palabras repetidas varias veces en aquella charla memorable: el “quid divinum”, referido a la lapidaria sentencia anterior. Y las interpretó adecuadamente. Porque no era casual que de aquellas semillas diminutas viera ahora un campo cuajado de brotes con promesa de desarrollo hasta ser un alfalfal apretado y muy bello.

Dio gracias a Dios por haber hecho así la naturaleza en general y aquellos cachos ahora en particular ¿Y qué es sino oración, digo, el agradecimiento surgido espontáneo? ¿Y qué es sino oración y poner al Señor en la cumbre de todo lo creado aun en las cosas en que trabajamos u organizamos? Así de forma natural y gracias a unas enseñanzas recibidas hace `quisió´ el tiempo y dando las gracias a Dios, entendió divinamente aquello del “quid divino” y su consecuencia. Lo que de generación en generación la sabiduría popular dejó plasmado en el rico refranero español: “de bien nacidos es ser agradecidos”.

Para reafirmarse en lo dicho, aplicó a éste como ya hiciera y hará en otros cultivos las inolvidables palabras oídas del que hoy es conocido con toda propiedad como santo de lo ordinario: san Josemaría Escrivá: “Sabedlo bien, hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes que toca a cada uno de vosotros descubrir”.

Ya en otra ocasión anterior puso un ejemplo claro como el agua clara a lo que dijo: `toca a cada uno de vosotros descubrir´. No sólo dirigido a sus hijos en el Opus Dei, sino para todos cuantos quisieran dar el auténtico sentido al trabajo que, en los orígenes del hombre no fue -dicho sea de paso- castigo, sino mandato divino, pero sin sudores ni las fatigas que `les vinon´ después del pecado de desobediencia y orgullo (`comer el fruto del árbol prohibido´ y `seréis como dioses´´).

El amo de turno lo descubrió en la acción de gracias al atribuir al Señor de todo lo creado la nueva vida que surgía de la tierra `como los pelos de la cabeza´ según vaticinara Vidal. ¡Que era mucho Vidal `Peduco´ pa estos menesteres! `¡Si lo sabré ó…!´.
Ejemplo que el amo cree recordar más o menos como sigue. O mejor, copio y pego del original en “Camino” del mismo santo mentado:

“Me escribes en la cocina, junto al fogón. Está comenzando la tarde. Hace frío. A tu lado, tu hermana pequeña —la última que ha descubierto la locura divina de vivir a fondo su vocación cristiana— pela patatas. Aparentemente —piensas— su labor es igual que antes. Sin embargo, ¡hay tanta diferencia! —Es verdad: antes “sólo” pelaba patatas; ahora, se está santificando pelando patatas”.

Así pues, y como todo trabajo honesto, sea físico o intelectual, digo ahora, porque roto el paréntesis de siglos en que esto no se entendió así, que la metáfora de pelar patatas como realidad santificable y santificadora, con la libertad de para quien quiera, bien puede aplicarse -nuevo Mediterráneo descubierto por él en 1928- a todos, `todos ´ los trabajos. A los dichos , y a algunos otros -pocos- aún sin comentar. Los que leerán, si Dios es servido, en nuestro blog en las fechas que correspondan.

Santificación de las realidades temporales “por el quid divinum”. “Pelar patatas”: oración… Pues eso. Nos vemos.


(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://live.staticflickr.com/65535/47074167224_d9cec43b6a_b.jpg

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Tres foramontanos en Valladolid

Con el título Tres foramontanos en Valladolid, nos reunimos tres articulistas que anteriormente habíamos colaborado en prensa, y más recientemente juntos en la vallisoletana, bajo el seudónimo de “Javier Rincón”. Tras las primeras experiencias en este blog, durante más de un año quedamos dos de los tres Foramontanos, por renuncia del tercero, y a finales de 2008 hemos conseguido un sustituto de gran nivel, tanto personal como literario.

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