Por José María Arévalo

(Pedro Orrente, “El sacrificio de Isaac”, de 1616, procedente del MBA Bilbao)
Del 10 de agosto al 12 de octubre de 2025 el Museo de Bellas Artes de Valencia dedica una gran exposición al pintor Pedro Orrente (Murcia, 1580 – València, 1645), la primera de carácter monográfico que se le dedica en el mundo.
Desde hace décadas -comenta hoyesarte.com- las exposiciones sobre la pintura española del Siglo de Oro vienen reproduciendo unos intereses temáticos similares. El star system conformado por grandes estrellas como El Greco, Velázquez, Ribera, Zurbarán o Murillo ha tenido, por todo el mundo, múltiples monográficas dedicadas a mostrar sus respectivas carreras. Por el contrario, todavía hay un conjunto de pintores hispanos pertenecientes a este mismo periodo –figuras de gran calidad e influencia en el quehacer creativo de su época– de los que los proyectos expositivos parecen haberse olvidado. Es el caso del pintor Pedro Orrente.

(Autorretrato, en el Museo del Prado)
Comisariada por José Redondo Cuesta, profesor en la Facultad de Humanidades de Toledo de la Universidad de Castilla-La Mancha, y organizada por el Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana, esta muestra incluye 56 obras, de las que 46 son de Orrente, que se muestran acompañadas por otras de El Greco, Bassano o Veronese, como artistas influyentes en su obra, así como de los valencianos Jerónimo Jacinto de Espinosa y Francisco y Juan Ribalta. Entre las joyas de la exposición, concretamente de la sala dedicada a los grandes formatos, está el Milagro de Santa Leocadia de la Catedral Primada, en palabras de Redondo «una absoluta obra maestra del primer naturalismo español y que apenas ha salido de la catedral toledana».

(Pedro Orrente, El Milagro de Santa Leocadia, conservado en la catedral de Toledo)
El lenguaje pictórico de Orrente es el resultado de un ejercicio de síntesis personal a partir de diversos elementos estilísticos procedentes de lugares, corrientes y artistas muy diversos. El elemento esencial es la influencia de la pintura veneciana, siendo esenciales los débitos con respecto a la dinastía de los Bassano (Jacopo, Francesco y Leandro Bassano). En 1605 el pintor aparece documentado en la ciudad de Venecia. El teórico barroco Jusepe Martínez precisa que fue discípulo del veneciano Leandro Bassano (1557-1622).

(Pedro Orrente, “La multiplicación de los panes y los peces”, hacia 1613, óleo sobre lienzo, 107×138 cm)
La estancia italiana será trascendental para la configuración de su estilo. La temática y muchos de los tipos empleados proceden directamente del repertorio bassanesco. A este sustrato se sumará la fuerte influencia de otros dos pintores venecianos como serán Veronese y Tintoretto, en cuyas figuras y composiciones se inspirará cuando tenga que recrear escenografías más complejas. Otro componente fundamental en su lenguaje será la influencia de la corriente del naturalismo romano de origen caravagista.

(Pedro Orrente, “Martirio de Santiago el Menor”, 1639. Óleo sobre lienzo, 204,7 x 158,8 cm, Museo de Bellas Artes de Valencia)
A raíz de su estancia en Toledo y sus visitas a la corte madrileña, Orrente incorporará a su lenguaje la influencia de dos pintores pertenecientes al ámbito castellano. Por un lado, en Toledo encontrará la importante personalidad de El Greco (fallecido en 1614), cuyas figuras de canon alargado y composiciones artificiosas dejarán una importante huella en sus obras. En estos años también se manifestará una gran influencia del pintor florentino asentado en la corte madrileña Angelo Nardi (1584-1664). Algunos de sus tipos humanos y esquemas compositivos también le influirán.
Finalmente, en 1632 el pintor se trasladó de manera definitiva a Valencia. Su figura será trascendental para la pintura valenciana de las décadas centrales del siglo XVII: la obra de Juan Ribalta, Jerónimo Jacinto de Espinosa, Pablo Pontons o Esteban March no se pueden entender sin el influjo del murciano. Incluso el gran patriarca de la pintura barroca valenciana, Francisco Ribalta (fallecido en 1628) manifestará en su madurez el influjo del mundo creativo orrentesco.

(Pedro Orrente, “El martirio de San Sebastián”, hacia 1616, óleo sobre lienzo, 306×219 cm, conservado en la catedral de Valencia)
Entre las claves de Orrente, además de sus excepcionales dotes como dibujante, el comisario de la exposición destaca «la enorme sensualidad que introduce en el hecho religioso, un elemento que claramente aprendió en Venecia, y que además no es común en la pintura española de este primer tercio del siglo XVII», y también considera que es «el mejor representante de las pinturas basadas en escenas de noche, un género que va a tener un enorme éxito en el Barroco». José Redondo Cuesta reivindica «la importancia extraordinaria que tiene para la pintura valenciana de mediados del siglo XVII, que no se podría entender sin las aportaciones de las composiciones y del concepto pictórico que él introduce. De hecho, creo que deberíamos imponer en Valencia el concepto de orrentescos. Porque hay toda una serie de pintores, empezando por el propio Juan Ribalta, pasando por Espinosa o por los March, que son auténticos seguidores, y cuya pintura no se puede entender sin sus aportaciones».