Por José María Arévalo
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(Semiconductores que lo fabrican todo)
Estos días pasados se hablaba mucho, y se escribía en la prensa, de las consecuencias de la guerra de Estados Unidos e Israel en Irán, de la subida del petróleo y en consecuencia de la gasolina y en general de los alimentos y todo lo que se vende, que resulta más caro por subir su producción y en todo caso su transporte para la venta. Pero lo que no había oído es de la influencia en otro campo, el de los semiconductores, que explicaba un artículo de Javier Lacort en Xataka hace poco. Titulaba: “La guerra de Irán tiene un frente inesperado: los semiconductores que lo fabrican todo”.
Comenzaba explicando que el estrecho de Ormuz lleva semanas bloqueado: unos 1.100 barcos, entre ellos 250 petroleros, permanecen atascados a la espera, por lo que el barril de petróleo ya supera los 100 dólares. Pero en todo ese caos energético hay una víctima inesperada: los chips que alimentan casi todos los dispositivos electrónicos que usamos.
Por qué es importante
Taiwán -explicaba también- fabrica más del 90% de los semiconductores avanzados del mundo a través de TSMC. Corea del Sur, con Samsung y SK Hynix, controla el 70% del mercado de chips de memoria DRAM y el 80% de la memoria de alto ancho de banda (HBM), la que necesita la IA para funcionar.
Ambos países importan casi toda su energía. Y buena parte de esa energía venía del Golfo Pérsico.
Taiwán importa en torno al 97% de su energía, y antes del conflicto un tercio de su gas llegaba de Qatar. Los drones iraníes han golpeado las instalaciones de Ras Laffan (el gran complejo exportador de GNL qatarí) y QatarEnergy ha declarado fuerza mayor. Los últimos cargamentos previos al conflicto llegaban a la isla a mediados de marzo; desde entonces, el suministro es una carrera contrarreloj.
Corea del Sur tampoco está en mejor posición: el 70% de su petróleo crudo venía de Oriente Medio, y cuando estalló la guerra la bolsa coreana perdió un 18% en cuatro sesiones y 500.000 millones de dólares en capitalización.
El verdadero drama del petróleo no es la gasolina, es el ‘fuel oil’: el desecho barato que está a punto de asfixiar la economía global.
El contexto
La guerra no ha creado este problema, pero sí lo ha expuesto. Corea del Sur lleva décadas construyendo la industria de chips más potente del mundo sobre una base energética frágil, con el 36,6% de su energía primaria atada al petróleo y el 19,7% al gas natural, según la AIE.
Ahora levanta en Yongin el complejo de fabricación de chips más grande del planeta, previsto para abrir parcialmente en 2027, y ese complejo solo necesitará 16 gigavatios de energía, el equivalente al 17% de la demanda punta nacional.
Y todo ello en una economía que sigue dependiendo del Golfo.
Taiwán arrastra una vulnerabilidad muy parecida: sus reservas de GNL no llegan a los once días, más del 50% de su electricidad se genera quemando gas, y cuando ese gas escasea la alternativa es tirar del carbón. Más caro y más sucio.
La gran pregunta. La demanda de chips de memoria ha alcanzado máximos históricos por el boom de la IA, y los grandes contratos ya estaban agotados antes de que Ormuz se cerrara. La escasez no es todavía física, pero el precio del GNL en Asia se ha más que duplicado desde que estalló el conflicto.
Normalmente ese sobrecoste lo absorbe primero el fabricante de chips, luego el de dispositivos y, al final, llega a la factura del consumidor. Es cuestión de tiempo.
Sí, pero. Taiwán asegura que no habrá racionamiento: ha conseguido suministros alternativos de EEUU y Australia hasta abril, y Japón, que compra más GNL del que consume y revende el exceso en la región, actúa de colchón.
Así que el verdadero riesgo es que el bloqueo no dure días, sino meses.