El Museo del Prado recupera los cartones para tapices de Goya

Por José María Arévalo

(Merienda campestre. Tapiz de Goya, 1776)

Creo que es una buena noticia, que daba Marina Velasco en El Confidencial, y que titulaba: “El Museo del Prado recupera los cartones para tapices de Goya y saca a la luz sus joyas ocultas del siglo XVIII”. Yo recuerdo haber visto en El Prado varios de estos cartones en las salas dedicadas a Goya, pero no tantos ni juntos. Veámosla.

El Museo del Prado recupera los cartones para tapices de Goya en una nueva instalación que reorganiza su colección del siglo XVIII y permite redescubrir uno de los conjuntos más singulares de su patrimonio, ahora expuesto de forma casi completa en varias salas del edificio Villanueva.

Durante años, muchas de estas piezas permanecieron fuera del recorrido habitual o dispersas dentro del museo, diluyendo su lectura conjunta. La nueva propuesta museográfica no solo reorganiza el espacio, sino que plantea un recorrido más coherente por un periodo clave de la historia del arte en España, en el que la corte y el gusto palaciego marcaron de forma decisiva el pulso creativo.

Un recorrido completo por los cartones de Goya

La gran novedad es la reunión de los cartones para tapices de Francisco de Goya en las salas 85 y 90–94, donde ahora pueden contemplarse de forma casi íntegra las siete series realizadas entre 1775 y 1794/95. Estas obras fueron concebidas para decorar los aposentos de los príncipes de Asturias, futuros Carlos IV y María Luisa de Parma, en enclaves como El Escorial y El Pardo, formando parte de los encargos oficiales destinados a embellecer los espacios de la corte.

El Prado conserva 50 de los 57 cartones creados por el artista—cuatro se encuentran en otras colecciones y tres se han perdido—, lo que convierte esta instalación en una oportunidad excepcional para comprender el alcance de este conjunto. La disposición actual permite seguir la evolución de Goya a lo largo de casi dos décadas, desde las primeras composiciones, influenciadas por Mengs y Bayeu, hasta escenas más personales en las que ya se percibe la consolidación de un estilo propio y una mirada más profunda sobre la vida cotidiana.

(Óleo de Francisco Bayeu expuesto en la sala 86 del Museo del Prado, dentro del recorrido dedicado al arte del siglo XVIII. Museo del Prado)

El siglo XVIII vuelve a escena en el Prado

Más allá de Goya, la reorganización se extiende a las salas 86–89, dedicadas al arte del siglo XVIII, donde se exhiben pinturas, esculturas, consolas y piezas de artes decorativas. Este montaje recrea los ambientes palaciegos originales para los que fueron concebidas muchas de estas obras, aportando una lectura más completa y contextualizada del conjunto.

En este contexto destacan pintores que trabajaron al servicio de la monarquía española, como Corrado Giaquinto, Anton Raphael Mengs o Giambattista Tiepolo, cuya presencia fue clave en el desarrollo artístico del país. Junto a ellos, el recorrido incorpora obras de artistas franceses como Watteau, Boucher o Vernet, y retratistas británicos como Reynolds o Gainsborough, ampliando la visión internacional del siglo XVIII.

La nueva instalación también recupera piezas que habían tenido menor visibilidad, como las taraceas de maderas finas de Ignazio Ravelli o las manufacturas del Real Laboratorio de Piedras Duras del Buen Retiro, integrándolas en un discurso que permite entender mejor el contexto artístico y decorativo de la época.

Como complemento, el Prado incorpora un micrositio digital dedicado a los relieves del Palacio Real, un conjunto de 31 piezas de mármol vinculadas a las colecciones reales. Este recurso permite profundizar en su historia, revisar su atribución y comprender su papel dentro del programa decorativo del siglo XVIII.

 

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