‘Abuelos’ homicidas al volante (*)

Lo acabo de leer. Un accidente -más exacto sería decir homicidio- de tráfico en la autovía M-50 de Madrid. Un conductor de 20 años muerto al chocar frontalmente contra otro que venía en dirección contraria. Un kamikaze de 35 años que sólo resultó herido leve.

Menos mal, perdonen el sarcasmo, que el kamikaze era un joven. Si llega a ser un pacífico jubilado el que circulaba en dirección contraria, hoy se armaría la mundial en los medios de comunicación. Desde las televisiones públicas y privadas se alertaría por enésima vez a la población y a las autoridades competentes para que endurecieran las medidas de control a la hora de conceder y renovar los permisos de conducir a los ‘mayores’, responsables en gran medida, según esos medios infectos, de tan graves atentados a la seguridad vial. Una información -otra más- sesgada y falsa. Demagógica y difamatoria. En todo caso, si la imprudencia, temeridad y delincuencia al volante fuera cuestión de edad, estaría en razón inversa a la del conductor y su experiencia al volante. Ahí están las estadísticas de la Dirección General de Tráfico y las compañías de seguros para demostrarlo.

El kamikaze tiene 35 años, pero hoy, por ese accidente, a nadie se le ocurrirá pedir que se endurezcan los exámenes de conducir a los menores de 40 años, por ejemplo, penalizándolos por encima del resto de conductores. Las generalizaciones, además de odiosas, siempre son falsas. Sin embargo, a pesar del derecho fundamental a la no discriminación por razón de sexo, raza, religión o condición social; a la igualdad, incluso a la discriminación ‘positiva’ de la mujer -verdadero oxímoron de dudoso encaje constitucional-, hay muchos que desde sus altavoces mediáticos no tienen escrúpulos para preconizar la discriminación de los conductores por razón de su edad… ‘avanzada’. No tienen pudor -ni vergüenza- para negar su derecho a conducir a quienes superan los mismos exámenes, exigencias psicofísicas y controles que el resto de mortales para demostrar su capacidad al volante.

No les basta que legalmente se los discrimine a partir de los 65 años, limitando la validez de sus carnets de conducir a cinco años, la mitad de tiempo que el resto de ciudadanos. Lo que en realidad buscan estos cínicos gacetilleros y sus acólitos, presuntos abanderados de la libertad y el bien común -auténticos totalitarios de la peor especie- es la discriminación de los ‘mayores’. Coartar su libertad, y sus derechos civiles y constitucionales. Convertirlos en ciudadanos de segunda. Que no conduzcan. «Por su bien», naturalmente.

Tanto es así, que si estos canallas pudieran -no es la primera vez que lo propugnan- impedirían el voto a los ‘mayores’. Una aberración social imposible de superar. O sea, que los abuelos, los «panteras grises» como a mí me gusta llamarlos, sirven para pagar impuestos como cualquiera; trabajar y cotizar a la seguridad social por encima, hoy, de los 67 años, y subiendo; cuidar a los nietos cuando no pueden hacerlo sus padres, y a veces hasta dar de comer a ambos; aportar a la sociedad sus recursos, conocimientos, sabiduría, experiencia… etcétera. Pueden ser Papas, jefes de Estado, presidentes de Gobierno, premios Nobel, diputados, senadores, generales, cirujanos eminentes, catedráticos de universidad… Pero no deberían poder conducir. La estupidez de algunos es infinita.

Como dijo Estanislao Figueras -presidente de la primera República española- en su último Consejo de Ministros, agotada su paciencia y harto de crisis de gobierno y múltiples intentos de golpes de Estado en menos de cinco meses: «Señores, voy a serles franco: estoy hasta los cojones de todos nosotros». Acto seguido, abandonó la sala. Y esa misma noche, se largó a Francia.

(*) Post Scriptum

En una primera versión del accidente, Emergencias Madrid indicaba por error que la víctima mortal tenía 35 años, cuando en realidad tenía 20. El conductor kamikaze tiene 35 años, y no 24 como se informaba por error.

Autor

Antonio Cabrera

Colaborador y columista en diversos medios de prensa, es autor de numerosos estudios cuantitativos para la Dirección General de Armamento y Material (DGAM) y la Secretaría de Estado de la Defensa (SEDEF) en el marco del Comercio Exterior de Material de Defensa y Tecnologías de Doble Uso y de las Relaciones Bilaterales con EE.UU., así como con diferentes paises iberoamericanos y europeos elaborando informes de índole estratégica, científico-técnica, económica, demográfica y social.

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Colaborador y columista en diversos medios de prensa, es autor de numerosos estudios cuantitativos para la Dirección General de Armamento y Material (DGAM) y la Secretaría de Estado de la Defensa (SEDEF) en el marco del Comercio Exterior de Material de Defensa y Tecnologías de Doble Uso y de las Relaciones Bilaterales con EE.UU., así como con diferentes paises iberoamericanos y europeos elaborando informes de índole estratégica, científico-técnica, económica, demográfica y social.

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