(«Hoy, día de San Fermín,/ de aqueste año dos mil nueve,/ aún no sabemos si, al fin, / podremos comer percebes«. Ripioteca propia).
Pero con independencia de esta lírica duda, mi señoría ha o tiene otras dos dudas más, éstas de índole política, que torturado le tienen, ¡pobre! Y no diré pobre de mí, porque aún no han acabado las fiestas de San Fermín, que es cuando uno termina siendo no pobre sino paupérrimo, y eso ya es peor.
Porque es el caso que uno, anoche, escuchó dos noticias que me tienen que vivo sin vivir en mí. Una de ellas procedente del todavía Presidente del Gobierno de España, señor Rodríguez, que, a mi juicio, engolado en exceso fue y dijo, dice: “Tenemos la oportunidad, con Obama presidiendo el país más poderoso del mundo por sus valores, por su política, que la cuestión no es lo que Obama puede hacer por nosotros sino lo que nosotros debemos hacer por Obama: que le salgan bien las cosas”.
Y la otra, que a un señor que reformó su casa con fondos del CNI; que cambió tres veces la tarima flotante del suelo del primer piso del chalet; la barbacoa del jardín, dos; que construyó una bodeguilla con granito traído de Galicia; que le fabricaron mesas de madera de un metro de altas para poder cultivar tomates sin agacharse; que mandó instalar un riego automático para los susodichos tomates cuyas tuberías (las del riego, no las de los tomates, porque éstos no tienen tuberías sino pipas) se helaron y hubo que añadirles calentadores y no se sabe si alguna cosa más, resulta que miembros -podría haber también “miembras” pero eso lo desconoce este autor- del Centro, “uséase” del CNI, valoran en más de 350.000 € el coste de todas las obras imputadas al susodicho Centro Nacional de Inteligencia, que es lo que significa CNI y no “Cargo Neto a Impuestos”, como alguno de vuesarcedes podía creer. ¿En pelas? No, pocas. Unos 58 millones 235 mil pesetas. Nada, lo que se puede gastar uno en cañas… si invita a toda España. Bueno, pues a este señor, por lo visto y oído, la ministra del ramo o de la cosa correspondiente le recordó, en el discurso de despedida, que los cinco años que ha estado al frente del CNI ha sido (¡oído al parche!) un “periodo de gran eficacia” y dirigiéndose personalmente a él, citando su nombre propio, o sea, el de pila, le endilgó textualmente estos sintagmas: ”Alberto, has tomado la decisión de abandonar. Enhorabuena por los logros conseguidos, gracias por los servicios prestados, te deseo lo mejor”.
Y para terminar, dice mi señoría -y dice bien, como siempre-:
Caso 1º: ¿Cómo puede él, es decir, mi señoría, “uséase”, yo mismo ayudar al señor Obama? Es que no “me se” (¡perdón por la inversión!) ocurre nada. Como no sea enviarle una torta del Casar, de las elaboradas en Castuera, es decir, en Quesolandia, la cual está a un tiro de piedra de Puerto Hurraco, su capital, cuando se cree oficialmente aquella Toparquía, cuya aspira mi señoría a ser el Toparca. Pero eso, ¿no sería cohecho activo, pasivo o perifrástico? Joder, ¡qué lío!
Caso 2º. Esos 58 millones 235 mil pesetas, ¿los hemos pagados los españoles –y, por supuesto, las españolas-? No, si la pasta era de don Alberto o ya la ha reintegrado o devuelto, nada, pero si no, eso de “los logros conseguidos” será de broma. ¿Y lo de “período de gran eficacia”?
Non intelligo quidpiam, que decíamos en el Lacio, durante el Imperio Romano. A vuesarcedes seguro que les cuadran estas cosas… ¿O no?
7-07-2009.
