Una gran parte de los políticos que están machacando el país son como niños. En el momento en que descubren un prefijo, sufijo o acertijo desconocido para ellos, pasan del «utendi» al «abutendi», es decir –aclaración para los susodichos artistas del “ars rerum civilium sciencia”, «uséase» politiquillos ignaros, los pobres-, pasan del “usar” al “abusar”, o sea, como nosotros, los nuevos ricos, que antes no teníamos una puta perra y ahora nadamos en la opulencia, y venga a cuento o no –oportune et inoportune– tiramos de cartera y… “Oye, será por dinero…” Lo que nunca sabe nadie, ni siquiera vuesarcedes, con lo listillos que son, es de dónde proviene la abundante pasta que tenemos: si de cohechos, tráfico de influencias, blanqueo de capitales, fraude fiscal e incluso de asociación ilícita, porque hay mafias muy generosas. Y si no, que se lo digan a mi señoría… Y otra procedencia puede ser una “hiperdotación” en la cosa ésta de la financiación de las autonomías, pero no siendo ni Cata-la-uña, ni Anda-lucía, no lo cree mi señoría…
Bien, esto se ha dicho para distraer a los lectores. Vamos, sin embargo, a lo importante. Con que catalanofobias, andalucifobias, madrileñofobias… Cualquiera diría que el todavía Presidente del Gobierno de España, señor Rodríguez, disfruta provocando «fobias» entre las distintas regiones (bueno, o autonomías) del país. Tanto, que hay quien lo compara con el amigo de un conductor que, desde fuera del vehículo, está indicándole a éste (al amigo; que no al vehículo) las maniobras a realizar mientras aparca y a la vez que, con un gesto de mano, le indica los movimientos, le va diciendo: “Dale, dale, dale…(¡Chas…! Pumba) Ya le has dado”.
Mi señoría, sin embargo, asegura que no, que la bonhomía del todavía Presidente del Ejecutivo de España impide que él pueda protagonizar escenas como la descrita, y mucho menos si quien se puede pegar el tortazo es el país.
Y así, más que de “fobias” (del gr. -φοβία, elem. compos. que significa ‘temor’). es decir, de “aversiones obsesivas a alguien o a algo”, o de “temores irracionales compulsivos”, gracias a la susodicha reconocida bonhomía del mentado gerifalte hay que hablar de “filias”, que son (del gr. φιλία) “afición o amor a algo”. En concreto, hay que hablar de catalanofilia, de andalucifilia y, sobre todo, de madrileñofilia. (¡Tararí, que te vi!). ¿O no?
17-07-2009.
