Los científicos han estudiado la caída de los felinos desde 1700

Gatos: Por qué siempre, pase lo que pase, caen de pie

Gatos: Por qué siempre, pase lo que pase, caen de pie
Gato PD

La peculiar forma de caer de los gatos ha generado incertidumbre y curiosidad durante años. El científico francés Antoine Parent fue el primero en publicar una investigación sobre los motivos científicos que lleva a los gatos a caer siempre de pie. Un estudio que se remite a 1700, es decir, 13 años después de que el gran Isaac Newton diese a conocer su famoso trabajo: Philosophiæ Naturalis Principia Mathematica.

El estudio del francés buscaba demostrar que, al igual que un objeto pesado se gira con el lado pesado hacia abajo en el agua debido al choque de la gravedad y una fuerza de flotación hacia arriba, un gato en caída libre podría ajustar su columna vertebral para voltearse, moviendo su centro de gravedad sobre el centro de flotabilidad.

Aunque parece una idea con cierta lógica, y tras haber estado presente en los libros sobre gatos durante mediados del siglo XIX, finalmente fue considerada errónea ya que la flotabilidad del aire es demasiado débil para afectar a un gato durante la caída. En este sentido, la teoría fue sustituida por otra: en el momento en que comienza a caer el gato, debe empujarse hacia fuera de su cavidad para crear una rotación inicial que lo haga aterrizar sobre sus pies.

Pero esta explicación fue rápidamente derrumbada el 22 de octubre de 1894 en la Academia Francesa de las Ciencias por el fisiólogo Etienne-Jules Marey, quien presentó una secuencia inédita de fotografías de un gato cayendo tomadas a alta velocidad, mostrando claramente que el gato cae sin ninguna rotación pero aún así consigue caer de pie.

Los físicos reconocieron rápidamente su error y propusieron varios mecanismos por los que un gato puede ser capaz de enderezarse a sí mismo usando varias manipulaciones de su cuerpo. El más importante de estos mecanismos fue mostrado por los fisiólogos holandeses G.G.J. Rademaker y J.W.G ter Braak unos años más tarde, en 1935.

Rademaker y Ter Braak se imaginaron al gato como si fuera dos cilindros. Si el gato se dobla por la cintura, puede torcer las dos mitades de su cuerpo en direcciones opuestas, haciendo que sus momentos angulares opuestos se cancelen en gran medida. Cuando se dobla, su cuerpo se orienta en una dirección diferente, a pesar de que el gato no tiene un momento angular fijo cuando comienza a caer.

Con este avance, Rademaker y Ter Braak presentaron solo el modelo más simple de un gato giratorio. Capturaron la esencia del movimiento, pero no todos los detalles. Por eso, a fines de los 60, el misterio volvió a cobrar interés porque la NASA quería enseñar a sus astronautas a cómo girarse en ambientes flotantes y los gatos eran la mejor fuente de inspiración.

A día de hoy, las investigaciones sobre el movimiento de los gatos continúan en otro campo de estudio: la robótica. Se han creado varios prototipos de gatos robóticos, pero ninguno de ellos ha conseguido adaptar su caída para aterrizar de pie desde cualquier posición inicial.

Los gatos son conocidos por ser guardianes de los secretos y su reflejo de enderezamiento sigue siendo un misterio para muchos científicos hasta el día de hoy.

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