El coronavirus tiene un efecto más negativo en individuos que padecen ciertas enfermedades

El coronavirus «no es una pandemia, es una sindemia»: Una nueva categoría que conecta lo social y lo biológico 

Una sindemia es la suma de dos o más epidemias o brotes de enfermedades concurrentes, que afectan a la población al mismo tiempo

El coronavirus "no es una pandemia, es una sindemia": Una nueva categoría que conecta lo social y lo biológico 

Tras el paso del coronavirus, y cuando el mundo se acerca al millón de muertes por COVID-19, diversas voces en el campo de la medicina comienzan a llamar la atención sobre la necesidad de replantear estrategias y conceptos.

«Todas nuestras intervenciones se han centrado en cortar las vías de transmisión viral, para controlar la propagación del patógeno», escribió recientemente en un editorial Richard Horton, editor jefe de la prestigiosa revista científica The Lancet.

Horton, ha dicho que por un lado está el SARS-CoV-2 (el virus que provoca el COVID-19) y por otro, una serie de enfermedades no transmisibles. Y estos dos elementos interactúan en un contexto social y ambiental caracterizado por una profunda inequidad social.

En este sentido, Horton explica que se exacerban el impacto de estas enfermedades y por ello debemos considerar al COVID-19 no como una pandemia, sino como una sindemia.

No se trata de un simple cambio de terminología: entender la crisis de salud que estamos atravesando desde un marco conceptual más amplio abre el camino para buscar soluciones más adecuadas.

Qué es una sindemia

El termino ‘sindemia‘ se refiere a problemas de salud sinérgicos que afectan la salud de una población en sus contextos sociales y económicos.

El concepto de ‘sindemia‘ desarrollado por antropólogos médicos, proporciona un marco teórico para prevenir y tratar las comorbilidades. El termino sindémico se refiere a problemas de salud sinérgicos que afectan la salud de una población en sus contextos sociales y económicos.

El concepto surgió cuando el científico y sus colegas investigaban el uso de drogas en comunidades de bajos ingresos en EE.UU., hace más de dos décadas.

Descubrieron que muchos de quienes se inyectaban drogas sufrían de una cantidad de otras enfermedades (tuberculosis, enfermedades de transmisión sexual, entre otras), y los investigadores se empezaron a preguntar cómo éstas coexistían en el cuerpo, y concluyeron que, en algunos casos, la combinación amplificaba el daño.

En el caso del COVID-19, «vemos cómo interactúa con una variedad de condiciones preexistentes (diabetes, cáncer, problemas cardíacos y muchos otros factores), y vemos un índice desproporcionado de resultados adversos en comunidades empobrecidas, de bajos ingresos y minorías étnicas», explica el antropólogo médico estadounidense Merrill Singer para BBC Mundo.

«Hay evidencia creciente de que la influenza y el resfriado común son contrasindémicos. Es decir: la situación no empeora. Si una persona está infectada con los dos (virus), una (de las enfermedades) no se desarrolla», señala Tiff-Annie Kenny, investigadora de la Universidad Laval, en Canadá.

Y en cuanto al aspecto social, el elemento clave en el caso de una sindemia es que añade la interacción de las enfermedades.

Analizar la situación a través de la lente de la sindemia, dice Kenny, nos permite pasar de la aproximación de la epidemiología clásica sobre el riesgo de transmisión, a una visión de la persona en su contexto social.

«Si realmente queremos acabar con esta pandemia cuyos efectos han sido devastadores en la gente, en la salud, en la economía, o con futuras pandemias de enfermedades infecciosas (hemos visto venir una detrás detrás de otra con cada vez mayor frecuencia: sida, ébola, SARS, zika y ahora COVID-19), la lección es que tenemos que abordar las condiciones subyacentes que hacen posible una sindemia«, opina Singer.

Tenemos que abordar los factores estructurales que hacen que a los pobres les resulte más difícil acceder a la salud o a una dieta adecuada, agrega.

El editor de The Lancet Richard Horton es concluyente:

No importa cuán efectivo sea un tratamiento o cuán protectora una vacuna, la búsqueda de una solución para la COVID-19 puramente biomédica fracasará. A menos que los gobiernos diseñen políticas y programas para revertir disparidades profundas, nuestras sociedades nunca estarán verdaderamente seguras frente a la COVID-19.

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Autor

Yéssica Salazar

Licenciada en Comunicación Social, mención Periodismo. Con Máster en Gerencia y Tecnologías de la Información. Con infinito amor por el periodismo y los medios audiovisuales que me han permitido conocer nuevos senderos, diferentes y desconocidos.

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