Crímenes, gulags y chekas

Este es el alcalde francés que desafía la memoria progre, con un monumento a los ‘100 millones de muertos del comunismo’

En Saint-Raphaël, en la Costa Azul francesa, el ambiente se ha caldeado como pocas veces y se revive el debate sobre memoria y totalitarismos

Frédéric Masquelier
Frédéric Masquelier. PD

Memoria Histórica.

Pero de la otra, de la que no les gusta a los progres.

En Saint-Raphaël, en la Costa Azul francesa, el ambiente se ha caldeado como pocas veces.

El protagonista es Frédéric Masquelier, alcalde de la ciudad y miembro destacado de Les Républicains.

Su iniciativa: inaugurar una estela de tres metros en homenaje a los “100 millones de muertos de los totalitarismos comunistas”.

La inscripción, tan clara como provocadora, ha encendido una auténtica tormenta política y mediática.

La inauguración, este fin de semana, no es solo un acto local.

Masquelier lo presenta como un gesto de justicia histórica, un modo de recordar a las víctimas olvidadas y de provocar una reflexión sobre los episodios más oscuros del siglo XX.

Pero la polémica no se ha hecho esperar.

Pierre Daspre, representante del Partido Comunista Francés en la región, ha tachado la iniciativa de “amalgame ignoble”, acusando al alcalde de distorsionar la memoria histórica al equiparar comunismo con barbarie.

Mientras, grupos de izquierda y movimientos sociales han convocado protestas paralelas.

Para muchos, la estela no es un símbolo de memoria, sino de enfrentamiento y simplificación histórica.

El debate, lejos de quedarse en Saint-Raphaël, se ha extendido a toda Francia, reflejando viejas heridas aún abiertas sobre el significado del pasado comunista y la forma de recordarlo.

Crímenes, gulags y las sombras del comunismo

El comunismo, como fenómeno político y social, arrastra un legado de luces y sombras. Los crímenes cometidos bajo regímenes comunistas han sido ampliamente documentados por historiadores y organismos internacionales. Entre los episodios más terribles destacan:

  • La Gran Purga en la Unión Soviética: Entre 1936 y 1938, las purgas estalinistas llevaron a la ejecución y deportación de cientos de miles de personas. Solo en 1937, más de 350.000 personas fueron ejecutadas y otras tantas enviadas a gulags, campos de trabajo forzado que se extendieron por todo el territorio soviético.
  • El genocidio camboyano: Bajo el régimen de los Jemeres Rojos y Pol Pot, entre 1975 y 1979, murieron entre 1,5 y 3 millones de personas, un cuarto de la población de Camboya. La represión incluyó torturas, trabajos forzados y ejecuciones masivas, en un intento de “purificar” la sociedad y crear un modelo socialista agrario.
  • La Gran Hambruna China y el “Gran Salto Adelante”: Las políticas impulsadas por Mao Zedong en los años 50 y 60 provocaron una hambruna que costó la vida a decenas de millones de chinos, según la mayoría de las estimaciones históricas.
  • Los gulags: El sistema de campos de trabajo forzado soviético supuso la muerte y el sufrimiento para millones de presos políticos y ciudadanos comunes. Las condiciones, documentadas por autores como Aleksandr Solzhenitsyn, incluían trabajos extenuantes, hambre, tortura y ejecuciones.

Ranking de los regímenes comunistas con más víctimas

La cifra de “100 millones de muertos” es discutida y objeto de controversia, pero se apoya en estimaciones ampliamente citadas en la literatura sobre el siglo XX.

Aquí un ranking aproximado de los regímenes comunistas con mayor número de víctimas mortales, según los registros históricos más citados:

País o régimenEstimación de víctimas mortales
Unión Soviética (Stalin)20-30 millones (purgas, hambrunas, gulags)
República Popular China (Mao)40-45 millones (Gran Salto Adelante, Revolución Cultural, represión)
Camboya (Jemeres Rojos)1,5-3 millones (genocidio camboyano)
Corea del Norte1-2 millones (hambrunas, represión política)
Etiopía (Mengistu)0,5-1 millón (represión, hambrunas)

Estas cifras, aunque aproximadas, reflejan la magnitud de los crímenes y las tragedias humanas asociadas a los regímenes comunistas más radicales.

Curiosidades y datos sorprendentes

  • La estela de Saint-Raphaël es el primer monumento de este tipo en Francia, aunque existen memoriales similares en Washington DC y Ottawa, impulsados por la Fundación de las Víctimas del Comunismo en Estados Unidos y Canadá.
  • El número de “100 millones de muertos” popularizado por estos memoriales proviene del libro El libro negro del comunismo (1997), una obra que ha sido muy influyente pero también muy criticada por su metodología y por el uso político de sus cifras.
  • En el caso del genocidio camboyano, se han identificado más de 20.000 fosas comunes, conocidas como Campos de la Muerte. La mayoría de las víctimas eran de la misma etnia que sus verdugos, lo que llevó a calificar el proceso de “autogenocidio”.
  • Durante la inauguración del monumento en Washington DC en 2007, el entonces presidente George W. Bush enfatizó la cifra de “100 millones de muertos” como una advertencia para las futuras generaciones sobre los riesgos de los totalitarismos.
  • En la Unión Soviética, la represión no solo se dirigía contra opositores políticos, sino también contra miembros del propio partido y ciudadanos anónimos, en una espiral de paranoia que marcó a toda una generación.

El debate sobre la memoria: ¿justicia o manipulación?

El alcalde Frédéric Masquelier ha defendido que “es justo mostrar que el comunismo también ha llevado a cabo actos reprobables”, insistiendo en la necesidad de recordar a todas las víctimas del siglo XX, sin distinción ideológica. Sin embargo, la equiparación del comunismo con el nazismo, como “las dos grandes doctrinas totalitarias del siglo XX”, ha sido recibida con rechazo por buena parte de la izquierda francesa y por historiadores que advierten contra la simplificación histórica.

El debate sobre cómo recordar el pasado sigue vivo. En Saint-Raphaël, la estela ya es mucho más que un monumento: se ha convertido en el epicentro de una discusión sobre memoria, justicia y reconciliación. Una discusión que, a día de hoy, 24 de agosto de 2025, sigue dividiendo a la sociedad francesa y reabriendo preguntas incómodas sobre el legado de los totalitarismos modernos.

Las calles de la ciudad, expectantes, aguardan el desenlace de una polémica que, lejos de apagarse, promete seguir dando que hablar en los próximos meses.

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