Julio López de camino inverso

Los magníficos dibujos previos junto a las notables esculturas de un artista accesible

Julio López de camino inverso
Julio López en el taller

A unos metros de la Puerta del Sol está ocurriendo algo interesante. Un señor de 85 años, con gabardina anticuada y aspecto de ser uno más de esos jubilados que llenan la ciudad y nadie mira, entra por el majestuosos portón de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Sus andares pausados y su aspecto modesto ocultan un artista en plena capacidad creativa que viene a inaugurar una exposición antológica de toda una vida de trabajo, 90 dibujos, 31 esculturas y 16 medallones. Se llama Julio López Hernández, está feliz, y nosotros con él celebramos el reconocimiento a un gran escultor y dibujante que trabajó a contracorriente y ahora hace balance.

Nació en Madrid en 1930 y aquí sigue trabajando. Ha pasado una mala racha desde que falleció su mujer en 2011, la también artista Esperanza Parada, sintiéndose solo y abandonado. Pero la Academia ha roto el conjuro y se ha prestado a organizar la primera retrospectiva en su historia de uno de sus integrantes. Su hija Marcela ha ejercido de comisaria excepcional; su compañero académico, el historiador de arte Víctor Nieto Alcaide, se ha hecho cargo del catálogo; y una fundación bancaria ha respaldado la iniciativa. Julio está ahora de pie, asombrado ante medio centenar de periodistas y apenas se cree lo que está pasando. Es un hombre tan sencillo y poco acostumbrado a vanaglorias que no puede ocultar sus nervios y su alegría. En esta misma Academia se examinó hace 67 años, y ahora le flanquean Marcela y Víctor y tiene que explicar algo de su obra y nos cuenta que hace tres años empezó una revisión de su trayectoria, y que puso por escrito su visión de cada pieza y que esos comentarios ahora acompañan a las obras seleccionadas.

La retrospectiva se construye alrededor de la idea de que siendo el dibujo previo a la escultura una parte esencial en la obra de López, y siendo este esencialmente escultor, vamos a recorrer el camino inverso y desde sus más conocidas esculturas viajar a los dibujos que las cimentaron. ‘Porque el dibujo no es sólo una creación en sí, sino el proceso, el camino resolutivo que dará lugar a la obra definitiva. Es decir, puede estar al final, pero también al principio del trabajo creador’. E incluso los dibujos pueden quedar huérfanos sin que la proyectada escultura finalmente se realice, y permanecen entonces como testimonios vivos, cargados de posibilidades, a la espera. ‘La presente exposición intenta demostrar todas esas virtualidades del dibujo en tanto producción, herramienta intelectiva o testigo de un camino inconcluso, y acredita, además, la importancia concedida al esbozo, al ejercicio preparatorio de una obra’.

Julio López ha sido escultor de gente, de personas, de las mujeres de su familia, de otros artistas de su tiempo, de figuras anteriores sobre las que recibió encargos como el de 1984 de ese simpático Lorca echando a volar a la alondra en la Plaza de Santa Ana de Madrid, o el conmovedor monumento a Julian Besteiro (pizarra, ladrillo refractario y poliéster, 1990-1991), en zapatillas y sentado en silla de enea.

Y esas gentes eran primero dibujadas a carboncillo y en distintas poses, a menudo en espectaculares bocetos previos de tamaño natural, que en este camino inverso se convertirán sin duda en los verdaderos protagonistas de la admiración del visitante, sobre todo en los casos en los que la escultura proyectada no vió la luz pero sí dió la oportunidad de extraordinarios retratos del poeta José Hierro, del escultor Juan Barjola, del músico Andrés Segovia y otros personajes. ‘Una producción “durmiente”, en estado potencial de espera, hasta que el artista decida convertirla en un cuerpo físico en tres dimensiones. Cuando esto no ocurre, el dibujo preparatorio queda como una especie extraña de residuo o una idea en su forma más pura y sin los avatares de su materialización conflictiva’.

Serán las esculturas de tamaño natural de personas que le han sido cercanas, las que contengan más vida y transmitan más sentimiento. Y de todas ellas destaca el tríptico que clausura la exposición, La portadora de medalla (2012), La que mira al cielo (2014), y la recién terminada, La perpleja (2015), tres figuras femeninas en mármol con poliéster, de tamaño natural, pero para ser apoyadas en peanas, sin la mitad inferior de las piernas, a las que pueden sumarse entre lo más emotivo Esperanza caminando (1977-78), Isabel (1972) y el retrato dividido de Luis Pérez Mínguez, Luis fotógrafo (1976) y Luis caído (1978) en pizarra y piedra de Colmenar con poliéster.

López reivindica que el realismo «ha tenido un reconocimiento empequeñecido» y argumenta su vigencia en algunas manifestaciones del arte contemporáneo como las «performances». Razón tiene en que la figuración puede estar esperando un retorno inesperado tras un siglo de ostracismo. «Realistas de Madrid» se titula la exposición que el Museo Thyssen abrirá el mes próximo. Allí, la obra de López se encontrará con la de su esposa, su hermano Francisco López, su cuñada Isabel Quintanilla, todos junto al más famoso de los López, Antonio, que no es familia directa a pesar del apellido.

Dejando de lado cuestiones más sesudas que plantea esta retrospectiva, como el carácter renovador o no de su escultura y las características -de haberlas- de su concepción específica dentro del llamado realismo madrileño o mágico, este camino inverso merece recorrerse, este paisano artista merece admirarse, y esta incursión a la trastienda humilde y sencilla de una realidad invadida de virtualidad y espectáculo, puede que entristezca un poco, pero puede que nos haga más humanos.

Calificación de la Exposición (del 1 al 10)
Interés: 8
Despliegue: 7
Comisariado: 7
Catálogo: 7
Explicación al visitante: 7
Documentación a los medios: 6

Real Academia de Bellas Artes de San Fernando
«Julio López Hernández. El camino inverso»
Del 15 de enero al 6 de marzo de 2016
Comisariado, Marcela López Parada
Autor del catálogo: Víctor Nieto Alcaide
Fotografía: Roberto Desiré
En colaboración con la Fundación Banco Santander

Sala de exposiciones temporales, Alcalá 13, Madrid
Martes a domingo: 10.00 a 15.00 horas
Lunes cerrado
Tarifa: 3 euros.

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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