Henry Thomas (el niño protagonista, Elliott) se presentó a la audición vestido de Indiana Jones

‘ET’: curiosidades sobre el extraterrestre más querido del mundo

La idea de la película parte del amigo imaginario que se inventó Spielberg tras el divorcio de sus padres.

Hay películas que entretienen y hay películas que te cambian algo por dentro.

ET el extraterrestre, estrenada en 1982 y llegada a España ese mismo año, pertenece a la segunda categoría con una contundencia que pocas obras del siglo XX pueden reclamar.

Cuatro décadas después de su estreno, sigue siendo la película que más duró en taquilla desde su lanzamiento, más de un año en cartelera según IMDB, y sigue provocando el mismo nudo en la garganta en espectadores que la ven por primera vez con doce años y en adultos que la revisitan con cincuenta.

El secreto de esa longevidad no está en los efectos especiales ni en la aventura. Está en algo que Steven Spielberg puso en la película antes de escribir una sola palabra del guion: su propia historia.

El director y su alien imaginario

Spielberg creció en una familia marcada por el divorcio de sus padres cuando tenía dieciséis años. Para sobrellevar esa ruptura, el futuro director se inventó un amigo imaginario. Décadas después lo definiría con una precisión que dice más sobre su psicología que cualquier entrevista: «Era el hermano que nunca tuve y el padre que ya no sentía que tenía». Los padres ausentes son uno de los temas que recorren su filmografía de forma casi obsesiva, desde Elliott en ET hasta las películas más tardías como Indiana Jones o Hook.

Ese origen autobiográfico explica por qué la película funciona en un nivel emocional que la ciencia ficción raramente alcanza. ET no es realmente una película sobre un extraterrestre. Es una película sobre la soledad de la infancia, sobre la necesidad de ser comprendido por alguien cuando los adultos no entienden nada, y sobre el dolor de perder a alguien que amas. Spielberg ponía en la pantalla algo que había vivido, y eso se nota.

El camino tortuoso hasta la pantalla

La película que conocemos pudo no haber existido nunca o haber sido algo radicalmente diferente. En su origen, ET se concibió como una secuela de Encuentros en la tercera fase con el título Night Skies (Cielos Nocturnos), una historia mucho más oscura sobre alienígenas malvados que aterrorizaban a una familia rural. Varias ideas de ese proyecto descartado se reciclaron después en Poltergeist, Gremlins, Critters, Señales y La guerra de los mundos. La semilla de lo que sería ET era una subtrama de Night Skies: un extraterrestre bondadoso llamado Buddy que se hacía amigo del hijo autista de la familia.

Melissa Mathison, entonces novia y después esposa de Harrison Ford, leyó el tratamiento de Night Skies mientras Spielberg rodaba En busca del arca perdida. Lloró. Y escribió con Spielberg el guion que se convertiría en ET, en gran parte durante el propio rodaje del filme de Indiana Jones. Durante la producción, el título de trabajo fue A Boy’s Life (Vida de un niño).

Columbia Pictures tuvo el guion en sus manos y lo rechazó. Los responsables lo consideraron «una película ñoña tipo Disney» con poco potencial en taquilla. Universal lo compró por un millón de dólares irrisorio. Columbia retuvo un pequeño porcentaje de taquilla que se convertiría en la mayor recaudación que hizo la empresa ese año. Es uno de los errores de negocio más costosos de la historia del cine.

Mars, la empresa de los M&Ms, cometió el mismo error de cálculo. Spielberg quería que la chocolatina favorita de ET fueran los M&Ms pero la empresa se negó porque pensó que el alien asustaría a los niños. The Hershey Company no lo dudó y cedió los Reese’s Pieces. Sus ventas se dispararon de forma espectacular tras el estreno. Es el ejemplo más citado en la historia del marketing de lo que puede costar una mala decisión.

La construcción de un personaje imposible

ET es un personaje de diseño extraordinariamente cuidado. Spielberg ha explicado que es mitad planta mitad animal y que no tiene sexo. Su cara está basada en las de tres hombres reales: el poeta Carl Sandburg, el científico Albert Einstein y el escritor Ernest Hemingway. Tres figuras que representan la sabiduría, la inteligencia y la humanidad en sus formas más reconocibles.

Los muñecos que daban vida al personaje costaron 1,5 millones de dólares, el 10% del presupuesto total de la película. Sus movimientos fueron obra de varios titiriteros, de dos personas con enanismo y de Matthew DeMeritt, un niño de doce años que había nacido sin piernas y que se desplazaba con extraordinaria velocidad sobre las palmas de las manos. Los gestos manuales los ejecutó la mimo profesional Caprice Roth.

La voz principal del extraterrestre la puso Pat Welsh, una mujer de setenta años que tuvo que fumar dos paquetes de tabaco diarios para conseguir esa ronquera característica. Grabó durante nueve horas y media y recibió 380 dólares. Los otros sonidos que componen la voz de ET incluyen las voces del propio Spielberg y su mujer, un eructo y ruidos de mapaches, nutrias y caballos.

Uno de los muñecos del rodaje se lo quedó Michael Jackson, que tenía una relación casi obsesiva con la película. Él y Quincy Jones grabaron un álbum entero para el audiolibro del filme sin cobrar nada. Jackson ganó un Grammy por él en 1984, el mismo año en que ganó otros siete por Thriller. Pero declaró que el de ET era del que más orgulloso se sentía.

El casting que pudo ser diferente

Henry Thomas, el niño que interpretó a Elliott, se presentó a la audición vestido de Indiana Jones y no tuvo un buen comienzo. Lo que lo cambió todo fue una escena en que debía llorar. Su emoción fue tan real y tan devastadora que Spielberg no pudo ignorarla. El secreto: el niño se sugestionó recordando la muerte de su perro.

Drew Barrymore consiguió el papel de la pequeña Gertie con una táctica que decía mucho sobre su personalidad incluso con siete años: convenció a Spielberg contándole una historia completamente inventada sobre que tenía una banda de rock. El director la contrató. Los demás actores del rodaje aseguran que Barrymore creía genuinamente que ET era real, y sus recuerdos del rodaje son a veces inventados dado lo pequeña que era.

Corey Feldman estuvo a punto de interpretar a un amigo bocazas de Elliott pero su papel desapareció en la reescritura del guion. Spielberg le compensó después con un papel en Gremlins. Para el papel de la madre se pensó en Shelley Long, que tuvo que declinar por problemas de agenda. Y dos actrices que llegarían a ser muy conocidas se presentaron para el papel de Gertie: Juliette Lewis y Sarah Michelle Gellar.

Harrison Ford rodó una escena como director del colegio que echaba una bronca a Elliott sobre los peligros del alcohol en menores, una escena que terminaba con la silla del niño elevándose en el aire ante su estupefacción. Fue eliminada en posproducción y nunca ha sido recuperada públicamente.

El talento de Spielberg: la técnica al servicio de la emoción

Lo que distingue a Spielberg de la mayoría de los directores de su generación es la capacidad de convertir la técnica cinematográfica en emoción directa, sin que el espectador note el mecanismo. ET es una demostración magistral de ese talento.

Una de sus decisiones más importantes fue rodar casi toda la película a la altura de los ojos de un niño. Esa elección aparentemente simple tiene consecuencias que se sienten aunque el espectador no las identifique conscientemente: los adultos aparecen siempre desde abajo, fragmentados, amenazadores, sin cara o con cara cortada por el encuadre. El mundo de la película es el mundo tal como lo percibe un niño de diez años, donde los adultos son una presencia incomprensible y a veces aterradora.

Otra decisión técnica reveladora: Spielberg no hizo storyboard para ET, algo insólito en un director tan metódico. Quería espontaneidad en las actuaciones de los niños, y para conseguirla necesitaba que él mismo no supiera exactamente qué iba a ocurrir en cada toma. Mantuvo también a los titiriteros alejados del set durante el rodaje para que los actores infantiles mantuvieran la ilusión de que ET era real.

Rodó la película en orden cronológico, algo que encarece la producción pero que permitió a los niños encariñarse gradualmente con el muñeco. La emoción del final no era actuación: era el resultado de semanas de relación real entre los actores y el personaje.

La escena en que ET se disfraza de peluche fue idea de Robert Zemeckis. La memorable secuencia en que los niños vuelan con sus bicicletas contra el cielo al atardecer, con la luna de fondo, se ha convertido en uno de los iconos visuales más reconocibles de la historia del cine. Y Spielberg cambió el montaje visual de la secuencia final para acompañar la música de John Williams cuando escuchó la partitura completa: le pareció tan perfecta que rediseñó las imágenes para seguirla en lugar de pedirle a Williams que ajustara la música a las imágenes.

John Williams y la música que lo cambió todo

John Williams lleva décadas siendo el compositor más importante del cine comercial americano y su colaboración con Spielberg es uno de los grandes ejemplos de simbiosis creativa en la historia del séptimo arte. La banda sonora de ET ganó el Oscar, el Globo de Oro, el Grammy y el BAFTA. Es posiblemente la más emotiva de toda su carrera, lo cual es una afirmación considerable para el hombre que compuso también Star Wars, Tiburón, Indiana Jones, Schindler’s List y La lista de Schindler.

La acusación de que algunos pasajes de la música se parecen demasiado a obras del compositor checo Antonín Dvořák ha rondado a Williams desde el estreno, sin consecuencias legales pero con cierta persistencia académica.

El impacto cultural que no ha envejecido

ET fue la película más taquillera de la historia hasta que, once años después, Spielberg batió su propio récord con Jurassic Park. Fue nominada a nueve Oscars, incluyendo el de Mejor Película, que perdió frente a Gandhi. El ganador, Richard Attenborough, declaró en su discurso de aceptación: «Estaba seguro de que no solo iba a ganar ET, sino que merecía ganar. Es innovadora, impactante y maravillosa. Yo hago películas más mundanas».

Ronald Reagan y su esposa la vieron en un pase especial en la Casa Blanca y le dijeron que era «real». La Princesa Diana lloró con ella. La película recibió la Medalla de la Paz de la ONU después de una proyección exclusiva para los miembros de las Naciones Unidas.

El director indio Satyajit Ray denunció a Spielberg por plagio, alegando que ET se basaba en gran medida en su guion The Alien de 1967. Spielberg lo ha negado siempre y la demanda no prosperó, pero Martin Scorsese, amigo personal del director, ha admitido las similitudes.

En 2002, Spielberg utilizó los efectos especiales del nuevo milenio para retocar la película y corregir planos que no había podido realizar como quería con los recursos de 1982. El cambio más polémico fue eliminar las armas de los agentes federales y sustituirlas por walkie-talkies. El público lo recibió con hostilidad. El propio Spielberg reconoció después que se arrepentía de los cambios y que no volvería a tocar sus películas originales.

El videojuego para Atari de la película es uno de los grandes fracasos de la historia de la industria, con cientos de miles de copias literalmente enterradas en un vertedero de Nuevo México, descubiertas décadas después por arqueólogos de lo digital.

Existe un final alternativo en que se ve que el comunicador de ET sigue funcionando y que Elliott y el extraterrestre mantienen el contacto. Fue descartado porque diluía el poder emocional de la despedida definitiva.

Por qué sigue importando

Hay algo en ET que las películas de efectos especiales más sofisticadas de hoy no pueden replicar: la sensación de que lo que ocurre en la pantalla importa de verdad, que los personajes son reales y que lo que les pasa nos afecta. Esa sensación es el resultado de un talento cinematográfico que Spielberg poseía en 1982 de forma ya completamente desarrollada y que convirtió una historia sobre un niño solitario y un extraterrestre atrapado en algo que trasciende el género, la época y la edad del espectador.

ET es la película que Spielberg se hizo a sí mismo cuando era niño y necesitaba un amigo imaginario. Cuatro décadas después, sigue siendo el mejor amigo imaginario que el cine ha dado a cualquiera que la haya visto.

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Autor

Fernando Veloz

Economista, comunicador, experto en televisión y creador de formatos y contenidos.

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