Estreno en el Teatro Soho de Málaga, “Largo viaje hacia la noche”

Carlos Hipólito encabeza el reparto de este clásico de Eugene O’Neill. Una puesta en escena del prestigioso director Ernesto Caballero. O’Neill, ganador del Premio Nobel de Literatura y 4 Premios Pulitzer.

Largo viaje hacia la noche
Largo viaje hacia la noche

“Largo viaje hacia la noche” de Eugene O´Neill, es una de las obras cumbre del teatro del siglo XX, se presenta en el teatro del Soho de Málaga los días  9 y 10 de octubre. Esta versión, dirigida por el reconocido y premiado director de escena Ernesto Caballero, cuenta con un reparto de lujo encabezado por Carlos Hipólito, a quien acompañan Mapi Sagaseta, Álex Villazán y Nicolás Illoro.

En 1988, Carlos Hipólito encarnó a Edmund, el hijo menor, en aquel montaje de “Largo viaje hacia la noche”, que fue un referente en el Teatro Español. Hoy, 38 años después, regresa a la misma obra para meterse Carlos Hipólito, en la piel de James Tyrone, personaje que interpretó el destacado actor Alberto Closas.

Desde su estreno en 1956, la obra ha cosechado éxitos por todo el mundo, entre ellos el “Premio Tony a mejor obra” y un “Premio Pulitzer de Drama”. Se trata de un texto autobiográfico en el que Eugene O´Neill (Premio Nobel de Literatura y cuatro veces ganador del Premio Pulitzer) disecciona con crudeza y compasión las heridas de su propia familia en una tragedia íntima y universal, donde la culpa, el amor y las heridas que nunca cicatrizan conviven en una misma habitación.

En el transcurso de un solo día de verano, la familia Tyrone se enfrenta a sus fantasmas en una casa junto al mar. James Tyrone, patriarca y actor veterano, lucha con su miedo a la pobreza, mientras su esposa, Mary, se sumerge en una adicción que la consume. Sus hijos, Jaimie, derrochador y Edmund, melancólico y enfermo, navegan entre el amor y el resentimiento.

En palabras del director, Ernesto Caballero, “nuestra versión respeta el texto original, aunque prescinde de ciertas marcas locales. No pretendemos actualizarlo con un radical desplazamiento en el tiempo, sino resaltar que su conflicto permanece: persisten familias unidas por la inercia, sociedades aferradas a estructuras extenuadas, relatos que nos protegen de la intemperie del cambio. En cualquier caso, una pregunta sencilla ha sido la brújula que ha orientado nuestra travesía escénica: ¿qué ocurre cuando un grupo humano insiste en permanecer unido sin compartir un futuro?”.

No es sencilla la respuesta, porque Cuando un grupo humano insiste en permanecer unido sin compartir un futuro, se produce un fenómeno de estancamiento existencial y fragmentación interna. Al carecer de un proyecto común o de una visión compartida hacia adelante, la cohesión del grupo deja de sostenerse por el entusiasmo del porvenir y pasa a depender exclusivamente de la inercia, el pasado o el miedo a la separación.

Este escenario suele desencadenar consecuencias dinámicas y psicológicas y erosionan según el propósito y la aparición del conflicto con dos formas: Si estas Anclado en el pasado, El grupo se vuelve nostálgico. Las conversaciones y los motivos para seguir juntos se basan en «lo que fuimos» y no en «lo que seremos».

Y si existen luchas de poder internas. Al no haber una meta externa hacia la cual canalizar la energía, esta se vuelve hacia adentro. Surgen disputas internas, dinámicas pasivo-agresivas y luchas por el control del “statu quo”. Por tanto, se crean unos subgrupos y se polarizan como consecuencia no tenemos un destino común y los individuos empiezan a unirse en facciones más pequeñas que sí comparten visiones individuales del futuro, llegando a un aislamiento emocional. Aunque físicamente el grupo siga unido, los miembros experimentan una profunda desconexión afectiva y un sentimiento de soledad compartida.

La respuesta a la pregunta «¿Quiénes somos?» se vuelve ambigua o vacía, ya que la identidad humana no solo se construye con el origen, sino también con el destino. En sociología y psicología organizacional, este estado se conoce a menudo como “cohesión por conveniencia o inercia”, es un equilibrio frágil que suele sostenerse hasta que un elemento disruptivo externo fuerza la disolución definitiva o la transformación del grupo.

Eugene Gladstone O’Neill, nació en Nueva York,(1888) y falleció en Boston, en 1953. Fue un gran dramaturgo estadounidense. Premio Nobel de Literatura y cuatro veces (1920,1922,1928,1957, una de ellas de modo póstumo), ganador del Premio Pulitzer de teatro.

Más que cualquier otro dramaturgo, O’Neill introdujo un realismo dramático que ya habían iniciado Antón Chéjov, Henrik Ibsen y August Strindberg en el teatro estadounidense. En general, sus obras cuentan con personajes que viven en los márgenes de la sociedad y que luchan por mantener sus esperanzas y aspiraciones, aunque suelen acabar desilusionados y cayendo en la desesperación. Explora las partes más sórdidas de la condición humana.

Su padre, James O’Neill, era un actor de teatro de origen irlandés que había crecido en medio de la pobreza más absoluta. Su madre, Ella Quinlan O’Neill, era la hija delicada, emocionalmente frágil, de un padre rico que había muerto cuando ella contaba solo con diecisiete años.

Su infancia está íntimamente unida a New London en Connecticut. Su familia contaba con una propiedad en esa ciudad desde antes de que él naciera y antes de ir a vivir allí de modo definitivo era su residencia de verano. Debido a la profesión de su padre, pasó sus primeros años entre bastidores en los teatros y en los trenes en los que la familia se desplazaba de un lugar a otro. A los siete años, O’Neill fue enviado a un internado católico en el que encontró como único consuelo la lectura.Tras suspender en la Universidad de Princeton, tuvo bastantes empleos precarios. Como forma de evasión, O’Neill se dedicó a escribir.

A la vez que se unía a una compañía de teatro de aficionados, los “Provincetown Players”, llegó a representar alguna de sus primeras obras, O’Neill Decidió dedicarse a la escritura de obras de teatro a tiempo completo tras su experiencia en el “Gaylord Farms Sanatorium”, a donde había acudido tras contraer tuberculosis. Durante el periodo de 1910 a 1920, O’Neill fue un habitual en la escena literaria de Greenwich Village, en donde se reunió con muchos amigos radicales, el más famoso de los cuales era John Reed, fundador del Partido Comunista de los Estados Unidos. O’Neill también mantuvo durante esa época un romance con la esposa de Reed, la escritora Louise Bryant. O’Neill fue interpretado por Jack Nicholson en la película de 1981 “Reds” (Rojos), de Warren Beatty, sobre la vida de John Reed, en donde representa el anticomunismo y la sobriedad.

La primera representación de una obra de O’Neill, Más allá del horizonte, en Broadway en 1920, fue un éxito absoluto y le valió a O’Neill obtener el Premio Pulitzer. Sus obras más conocidas son “Deseo bajo los olmos; “Extraño interludio”, con la que ganó el Pulitzer por tercera vez, “A Electra le sienta bien el luto”, en donde se nota la influencia del drama griego; “El gran dios Brown”, en donde un poeta y un racionalista se enfrentan. Su única comedia, “Tierras vírgenes”, una melancólica reescritura de la infancia que habría le habría deseado tener. En 1936 obtuvo el Premio Nobel de Literatura. Tras una pausa de casi una década, O’Neill escribió la obra “Llega el hombre de hielo”, en 1946. Al año siguiente, “Una luna para el bastardo” es un fracaso en ese momento; sin embargo,será vista como su mejor obra diez años más tarde.

O’Neill estuvo casado entre octubre de 1909 y 1912 con Kathleen Jenkins, con la que tuvo a su primer hijo, Eugene O’Neill Jr., en 1910. Pero a fin de escapar de su matrimonio y de su inminente paternidad, O’Neill se marchó a buscar oro en Honduras, donde no encontró oro, pero contrajo malaria. Eugene Jr.One tenía al menos 11 años cuando vio a su padre por primera vez.

su obra maestra autobiográfica, “Largo viaje hacia la noche”, trata sobre un día de la vida de una familia problemática, para que se publicara, lo que ocasionó la inmediata aclamación de la crítica y que hoy se considere su obra más completa.

Carlotta Monterey fue la tercera esposa de O’Neill. A pesar de que durante los primeros años de matrimonio organizó su vida permitiendo que se consagrara a la literatura, se intoxicó más adelante con bromuro de potasio y las relaciones se deterioraron, lo que ocasionó un cierto número de separaciones.

En 1943 O’Neill desautorizó a su hija Oona, fruto de su segundo matrimonio con Agnes Boulton, por haberse casado el 16 de junio de 1943 con el cineasta Charles Chaplin cuando ella solo contaba 17 años y él tenía 54. Nunca la volvió a ver.

Tras haber padecido numerosos problemas de salud (entre ellos el alcoholismo) durante muchos años, O’Neill padeció también en sus últimos años la enfermedad de Parkinson, Murió en un estado avanzado de la enfermedad de Parkinson en la habitación 401 del hotel Sheraton, de Boston, el 27 de noviembre de 1953, a los 65 años. En agradecimiento al país que le había concedido el Premio Nobel, se instituyó el Premio O’Neill, que es otorgado cada año por el Teatro Real Dramático de Suecia.

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