De Rodin a Giacometti, la arruga es bella

De Rodin a Giacometti, la arruga es bella

Los amantes de los nombres consagrados y las exposiciones comparativas tienen en esta que se inaugura mañana la oportunidad de encontrar continuidad y parecidos entre estos artistas protagonistas de la escultura en los dos últimos siglos, ambos en pos de conseguir expresar la imperfección u fragilidad humana.

A pesar de estar separadas por dos generaciones, las trayectorias creativas de Auguste Rodin (1840-1917) y Alberto Giacometti (1901-1966) mostrarían significativos paralelismos que esta exposición pretende desvelar. Además de aspectos formales como el interés en el trabajo de la materia y la acentuación del modelado, la preocupación por el pedestal y el gusto por el fragmento o la deformación, por citar solo algunos, las directoras del museo dedicado al primero y de la fundación que lleva el nombre del segundo creen que el diálogo entre ellos va mucho más allá. Rodin es considerado como uno de los primeros escultores moderno por su capacidad para reflejar conceptos universales como angustia, dolor, inquietud, miedo o ira. Y este sería también un rasgo fundamental en Giacometti si se considera que sus figuras alargadas y frágiles, inmóviles, a las que Jean Genet denominaba ‘los guardianes de los muertos’, expresan, despojándose de lo accesorio, la complejidad de la existencia humana.

Rodin fue el maestro indiscutible del siglo XIX, pero las vanguardias posteriores se alejaron de su senda tradicional para inventar un lenguaje más moderno. El propio Giacometti renegó durante un tiempo del maestro francés y dirigió su mirada a los nuevos escultores como Zadkine, Lipchitz o Laurens, los cubistas que el Reina Sofía juntó en 2003. Después pasó por una etapa surrealista y en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial retrornando a lo real sin renunciar a lo personal, reencontró a Rodin en su camino. Ante todo buscando en una tactilidad dominante, en la huella de las manos modificando las superficies lisas, representar los sentimientos y las pasiones humanas. O en la importancia del pedestal, convertido en parte esencial de la escultura. O en la interpretación libre de los modelos del pasado, ya fueran completos o fragmentarios.

La selección de obras que forma la exposición se plantea como una constante conversación en el espacio a través de nueve secciones. La primera es ‘Accidente’ y se centra en una de las mayores originalidades de Rodin, reubicar materia fragmentada por sucesos fortuitos en el proceso de modelado en lugar de rechazarla como desperdicio producto de error y fallo, así como la mutilación premeditada de partes de las esculturas con el fin de acentuar su expresividad y contingencia. Giacometti lo retoma quizá otorgándole un sentido aún más pleno como indica la cantidad de fragmentos de sus obras que guardaba en su taller esperando resucitar en nuevos significados.

Las secciones ‘Modelado y materia’, ‘Deformación’, ‘Conexiones con el pasado’ , ‘Series’ y ‘Pedestal’ van desgranando sucesivos aspectos de la comparación y semejanza, hasta llegar a ‘El hombre que camina’ , la forma en que ambos abordan uno de los aspectos esenciales de la escultura, cómo mantener en pie la materia, cómo erguirla, una reflexión sobre el ser humano y su capacidad, tanto literal como metafórica, para no caer. ‘En el estudio’, a base de fotografías muy ilustrativas de ambos escultores en sus talleres respectivos, pone broche final a una exposición agradable, una muestra coherente, un recorrido abordable que no llega a fatigar y que es una muestra más de cómo la industria cultural museística pugna por conservar su presencia en nuestra sociedad renovando su oferta.

Simultáneamente, la Fundación Canal presenta ‘Rodin. Dibujos y recortes’, también organizada en colaboración con el Museo Rodin, que incide en su faceta de dibujante e incluye una particularidad muy especial: muchos de los dibujos se convirtieron en recortes con los que el artista experimentaba movimientos en el espacio, experimentos que llevó también, en ocasiones, al terreno de la escultura, estableciendo así un importante nexo de unión entre ambas disciplinas. Los recortes pertenecieron a la esfera íntima del artista: ni él mismo ni los críticos las mencionaron en su momento y Rodin solo expuso en vida una de estas figuras recortadas.

En 1916, un año antes de su muerte, Rodin donó toda su obra y todos sus bienes al Estado francés a condición de que el Hôtel Biron (actual Musée Rodin) se transformara en museo. Reúne la colección más importante de obras de Rodin en dos emplazamientos. El principal y más prestigioso se encuentra en pleno distrito 7º de París, mientras que el otro se ubica en Meudon, fuera de la ciudad. La Fondation Giacometti fue creada en en 2003 por su viuda y posee la mayor colección de sus obras, 350 esculturas, 90 pinturas, dos mil dibujos y otros tantos grabados.

Aproximación a la exposición (del 1 al 10)
Interés: 7
Despliegue: 7
Comisariado: 7
Catálogo: 8
Programa de mano: n/v

Fundación MAPFRE
Sala Recoletos
Rodin-Giacometti
6 de febrero – 10 de mayo de 2020

Responsables: Catherine Chevillot, directora del Musée Rodin, Catherine Grenier, directora de la Fondation Giacometti, y Hugo Daniel, responsable de la École des Modernités de la Fondation Giacometti.
Paseo Recoletos, 23. Madrid. Teléfono: 91 581 61 00 cultura@fundacionmapfre.org
Entrada general: 3€ por persona
Entrada gratuita todos los lunes no festivos de 14 a 20 horas
Horarios: Lunes de 14 a 20 horas. Martes a sábado de 10 a 20 horas. Domingos y festivos de 11 a 19 horas

Fundación Canal
Rodin. Dibujos y recortes
Desde el 5 de febrero al 3 de mayo de 2020

Calle Mateo Inurria, 2, 28036 Madrid
Laborables y festivos: 11:00 – 20.00 h. Miércoles: hasta las 15.00 horas.
Entrada libre.

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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