El excardenal se acercaba a sus presas con halagos, familiaridad y alardeos de su poder

Theodore McCarrick escribía cartas a sus víctimas antes de violarlas

Theodore McCarrick escribía cartas a sus víctimas antes de violarlas
El papa Francisco saluda efusivamente al excardenal Theodore McCarrick. EP

Retrato de un depredador sexual. El excardenal y arzobispo emérito de Washington, Theodore McCarrick, solía preparar a sus víctimas para luego violarlas. Así lo revelan las cartas que él mismo envió a decenas de niños.

A simple vista, las postales y cartas escritas a mano parecen inocentes, hasta cálidas, pues las firmaba como «El tío T» o «Tu tío, el padre Ted».

Según diferentes expertos en prevención de abusos, McCarrick preparaba concienzudamente a sus presas.

«Las cartas revelan cómo un obispo trotamundos hacía que jóvenes vulnerables se sintiesen especiales, para luego aprovecharse de ellos», dicen los entendidos. «Las llenaba de halagos, familiaridad y alardeos de su poder», añaden.

El acceso a un arzobispo por parte de jóvenes que quieren ser sacerdotes «es un elemento clave en el proceso», asegura la experta Monica Applewhite.

Hijo de amigos de la familia, James Grein relató cómo el excardenal comenzó a abusar sexualmente de él cuando tenía 11 años, incluso durante la confesión y en bodas y otras celebraciones.

La víctima reconoció en una entrevista que el cariño que su familia le tenía a McCarrick lo obligaba en cierta medida a pasar tiempo con el religioso los fines de semana, cuando no estaba en el internado donde cursaba sus estudios, y que durante esas visitas McCarrick abusaba de él.

«Si no iba a ver a Theodore, –apuntó Grein— mis hermanos, mis hermanas o mi padre siempre me preguntaban: ‘¿Por qué no lo fuiste a ver?'».

Applewhite destaca que McCarrick esperaba impaciente que Grein lo visitase.

Cuando el joven se encontraba en el internado de California a finales de la década de los 70, el prelado le escribió en una ocasión: «Se acerca el momento de tu visita al este». «Llamaré a tu casa uno de estos días para ver qué arreglaron». «Los quiero mucho, tu tío, el padre Ted».

«Mandar una postal es como decir ‘no tengo nada que esconder'», sentencia la experta internacional.

El testimonio de Grein, de 61 años y el primer niño que bautizó McCarrick, es un elemento clave de la investigación del Vaticano.

Ex seminaristas también recordaron cómo McCarrick invitaba a grupos de jóvenes a excursiones de pesca de fin de semana o a su casa en la playa, siempre invitando a uno de más, lo que obligaba a uno de ellos a dormir en su cama.

El arzobispo escribió ocho cartas a otro seminarista, para darle detalles de sus andanzas. Además, exhortó al joven a que lo llamase a su teléfono directo y lo visitase.

Lo hizo con tanta frecuencia que constituyó un acoso y un esfuerzo por «tenerlo a su alcance», indica Elizabeth Jeglic, profesora de psicología y experta en prevención de violencia sexual del John Jay College of Criminal Justice de Nueva York.

Por su parte, el seminarista Desmond Rossi pidió ser trasladado a otra diócesis tras un encuentro en el que dijo que el influyente religioso acercó su silla a la suya y le tocó una pierna.

A pesar del desagradable incidente, Rossi admitió que McCarrick era un pastor carismático e inteligente.

Los abusadores no son monstruos, como refleja la correspondencia del excardenal y su preocupación por los seminaristas, advierte Applewhite.

«Si buscamos figuras perversas, no vamos a pillar a nadie», aclara.

El papa Francisco expulsó del sacerdocio a McCarrick, de 89 años, en febrero de este año, después de que una investigación de la Iglesia determinó que había abusado sexualmente de seminaristas, tanto adultos como menores de edad.

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Autor

Pablo Santos

Experto en información religiosa

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