Las iglesias evangélicas ejercen un gran magnetismo sobre la gente

El poder de la Iglesia en América Latina, todo un calvario para dictadores populistas de la calaña de Evo Morales

El poder de la Iglesia en América Latina, todo un calvario para dictadores populistas de la calaña de Evo Morales
En Bolivia, los principales líderes de la oposición contaron con el apoyo de sectores católicos y evangélicos. EP

Cada vez es mayor la influencia de la religión en la política del continente americano. «La Biblia vuelve a palacio», declaró la presidenta interina de Bolivia, Jeanine Áñez, al tomar posesión el pasado 12 de noviembre de 2019. Unos días antes, Fernando Camacho, una de las principales voces en el proceso que llevó a la renuncia de Evo Morales, entró Biblia en mano al mismo edificio declarando que «Dios» volvería al «gobierno».

Los dos son católicos y contaron con el apoyo de sectores conservadores de la Iglesia y de líderes evangélicos para debilitar a Morales.

En los últimos años, menciones a Dios y de pasajes bíblicos parecen haberse multiplicado en los discursos políticos, y el apoyo evangélico fue instrumental en el ascenso de los líderes de derecha en América Latina y Estados Unidos.

En Brasil, los evangélicos son la principal base electoral del presidente Jair Bolsonaro. En Estados Unidos no es muy diferente: Donald Trump contó con el apoyo de las iglesias pentecostales para salir elegido.

Para el historiador estadounidense Andrew Chesnut, autor de decenas de libros y artículos sobre el crecimiento de las iglesias pentecostales, la fuerte influencia de los evangélicos en el ascenso y caída de líderes es una de las principales «tendencias» de la política actual en el continente americano.

«Hasta en México, donde la población pentecostal es pequeña, de apenas un 8%, un partido político fundado por un pastor pentecostal ayudó al actual presidente, Andrés Manuel López Obrador, a llegar al poder», señala Chesnut.

«La influencia política evangélica es una de las tendencias políticas más importantes de las últimas cuatro décadas en el continente americano», añadió el profesor de la Virginia Commonwealth University. Pero, ¿qué explica esa influencia creciente de la religión en la política de países del continente? ¿Y por qué las iglesias evangélicas han conseguido cada vez más adeptos entre los latinoamericanos?

En una entrevista reciente, Chesnut menciona diferentes factores que ayudan a responder a esas cuestiones:

– La cohesión ideológica de los evangélicos, que facilita articulaciones políticas.
– El hecho de que los ritos de las iglesias evangélicas son más «consistentes» con aspectos de la cultura latinoamericana.
– La adopción de reglas menos rígidas para la formación de sacerdotes, lo que permite una mayor inserción en las capas más pobres.
– La creación de redes de apoyo en comunidades marginadas.
– La capacidad de hacer eco de pensamientos compartidos por sectores conservadores de clase media y alta.

El continente americano ha vivido una acentuada caída en el número de católicos, al mismo tiempo que se registró un gran aumento en la población evangélica.

Según el Pew Research Center, principal centro de investigación sobre religiones, de 1900 a 1960, los católicos conformaban el 94% de la población de América Latina.

Pero ese porcentaje cayó drásticamente. Un estudio del mismo centro de 2014 mostró que 84% de los entrevistados crecieron como católicos, pero apenas un 69% aún se identificaba como tal.

En contraste, solo 9% de los latinoamericanos crecieron como evangélicos, pero el 19% dice seguir esa religión actualmente.

Para Andrew Chesnut, quien estudia el movimiento pentecostal desde hace 25 años, una característica importante acompaña al crecimiento del número de evangélicos en el continente americano: el compromiso político de líderes e integrantes de esa religión.

El investigador destaca que los católicos son un grupo más «heterogéneo», con segmentos ligados a la izquierda y otros a la derecha. Esa pluralidad, en la práctica, dificultaría una movilización política coordinada.

«Dentro del catolicismo, tienes sectores conservadores, ligados al Opus Dei, por ejemplo, y otros más progresistas, como los miembros de la Teología de la liberación. Entonces, hay más diversidad y eso hace más difícil la tarea de lograr una alianza católica», explica.

«Y los evangélicos son más homogéneos políticamente. Eso facilita la unión y las alianzas para elegir determinados políticos», añade.

Los ejemplos más recientes y evidentes de la fuerza evangélica en política son la elección de Jair Bolsonaro en Brasil y la caída de Evo Morales en Bolivia. Los dos episodios contaron con el apoyo crucial de sectores evangélicos.

En la caída de Morales, fue una figura ligada al ala más conservadora de la Iglesia católica y a los líderes evangélicos la que ganó protagonismo: Luis Fernando Camacho.

Camacho ejerce como presidente del Comité Cívico Pro Santa Cruz, una entidad que reúne a cerca de 200 instituciones, entre asociaciones de residentes, trabajadores de derecha y empresarios. El comité funciona en la ciudad más poblada de Bolivia, Santa Cruz de la Sierra, y se le llama «gobierno moral».

Sus constantes menciones al «poder de Dios» y su costumbre de citar fragmentos de la Biblia han hecho que la prensa internacional se refiera a él como el «Bolsonaro boliviano».

Él fue el principal articulador de las protestas en las calles que culminaron en la retirada de apoyo de la policía y las fuerzas armadas al gobierno de Morales. Camacho suele iniciar sus discursos con una oración y, al entrar en el antiguo Palacio de Gobierno, en La Paz, pocas horas antes de la renuncia del expresidente, depositó una Biblia junto a la bandera boliviana.

Para Chesnut, Camacho y Bolsonaro tienen características en común.

«Bolivia es interesante, porque es un país más predominantemente católico que Brasil. El 70% de los bolivianos son católicos. Pero, en la salida de Morales del poder, vimos una fuerte influencia evangélica», analiza.

«Camacho es más o menos como Bolsonaro. Él es católico, pero tiene una gran influencia pentecostal y tiene a los pentecostales como grandes aliados. Su discurso es 100% pentecostal».

La senadora Jeanine Áñez, quien se proclamó presidenta interina de Bolivia tras la salida de Evo Morales, sigue la misma línea. Ella entró al Palacio de Gobierno, en La Paz, con una enorme Biblia, y juró detrás de un altar montado con velas y la imagen de Jesús crucificado.

«Un aspecto importante del papel que la religión ha ejercido en los gobiernos latinoamericanos es la existencia de una convergencia entre los evangélicos y los católicos conservadores», dice Andrew Chesnut.

Aunque los ejemplos brasileño y boliviano son contundentes, el profesor estadounidense dice que la tendencia de crecimiento de la influencia evangélica en los gobiernos no es característica solo de América Latina.

Para él, el fenómeno se inició en Estados Unidos, comenzó a ganar fuerza en América Latina en la década de los 80, con el ascenso de un pastor evangélico como presidente de Guatemala —José Efraín Ríos Montt–, y puede ser visto claramente hoy en el gobierno de Donald Trump.

Según un reportaje, el 61% de los pastores evangélicos de Estados Unidos manifestaron su intención de votar por Trump en la elección de 2016. Y el presidente estadounidense mantiene relaciones cercanas con varios líderes evangélicos famosos en el país.

«En EE.UU., los evangélicos son una de las principales bases electorales de Trump«, apunta Chesnut. Según el investigador, esa relación cercana del mandatario con sectores religiosos se refleja en la decisión de transferir la embajada de Estados Unidos en Israel de Tel Aviv a Jerusalén.

Bolsonaro llegó a anunciar que haría lo mismo, para atender la petición de los grupos evangélicos que se basan en interpretaciones bíblicas para defender que Jerusalén debe ser «protegida» y habitada por los judíos.

No obstante, el presidente brasileño optó finalmente por abrir una oficina comercial en la ciudad, después de una fuerte presión de los países árabes y del sector exportador de productos básicos brasileño, que temía represalias comerciales.

«Una de las agendas importantes actuales para los evangélicos es el apoyo a Israel», afirma el profesor Andrew Chesnut.

Más allá de la cohesión ideológica, que facilita la articulación política de los evangélicos, Chesnut pone de manifiesto otros factores que contribuyen al éxito del movimiento pentecostal entre los latinoamericanos. Uno de ellos es el hecho de que las iglesias evangélicas adoptaron ritos «más consistentes con la culturade los pueblos de la región».

En ese sentido, las canciones de alabanza y la forma más informal y directa para que los pastores hablen sobre partes de la Biblia jugarían un papel importante.

Otro aspecto enlistado por el investigador son las redes de apoyo creadas por las iglesias evangélicas para intervenir en los problemas de las comunidades, como casos de alcoholismo, criminalidad y drogadicción.

El tercer factor sería el criterio flexible para la formación de sacerdotes (los obispos y pastores).

«Una gran ventaja que tienen las iglesias pentecostales es que los pastores se pueden casar y no tienen los mismos requisitos educacionales. Un sacerdote católico forma parte de la élite latinoamericana en lo referente al nivel educacional», dice.

«Esa facilidad de no exigir una extensa formación académica ni celibato permitió una mayor entrada de las iglesias pentecostales en las capas más pobres».

Más allá de eso, el investigador destaca que sectores conservadores de la clase media y alta de Estados Unidos y América Latina vieron que sus posiciones tenían eco en las nuevas iglesias evangélicas. Entre esas agendas están la preocupación por la educación sexual en las escuelas, el temor a lo que llaman «ideología de género», y la posición firmemente contraria a la flexibilización de leyes relacionadas con el aborto.

«Había una población que compartía esos valores: defendía una agenda anti-LGBT, el antifeminismo y era contraria a la legalización del aborto. Esas personas no tenían líderes que representaran esas perspectivas de la manera deseada», asegura Chesnut.

Para el profesor estadounidense, el principal temor relacionado con el aumento de la injerencia evangélica en la política es que los líderes electos con el apoyo de esos sectores acaben aprobando políticas públicas que, en la práctica, discriminen a otros credos religiosos o que signifiquen retrocesos en las conquistas sociales de las minorías.

«En el caso de Bolivia, ya vimos comentarios racistas por parte de la presidenta interina. Allí, algunos sectores pentecostales ven a las religiosidades indígenas como satánicas o paganas», indica Chesnut.

En Brasil, el investigador percibe el riesgo del surgimiento de una atmósfera de intolerancia contra las religiones de matriz africana.

«Hay una preocupación de que las religiones indígenas y afrobrasileñas puedan sufrir persecución con los pentecostales en el poder. Grupos violentos pueden sentirse impunes o alentados a actuar así», asevera Chesnut.

Pero el historiador destaca que el fenómeno del crecimiento de las iglesias evangélicas está acompañado de un movimiento muy diferente y que también puede influir en el escenario político del continente: el aumento en el número de personas que dicen no tener ninguna religión.

«Más allá del crecimiento de las iglesias evangélicas, en varios estados de EE.UU. y en varios países de América Latina, hay un crecimiento rápido de las personas que no tienen ninguna filiación religiosa», abunda.

Y las características de ese grupo son opuestas a las que definen a los sectores evangélicos y católicos conservadores. «Son más jóvenes, sabemos que la tendencia es que son de izquierda y más liberales en las costumbres. Y están creciendo casi tan rápidamente como los pentecostales».

Falta saber cuál de los dos sectores tendrá más influencia electoral en los próximos años.

Autor

Pablo Santos

Experto en información religiosa

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