El Real Madrid no brilló, pero se impuso con la fuerza de uno solo. En una temporada marcada por errores y caídas, el conjunto de Álvaro Arbeloa necesitaba ganar; si no, el Barcelona se convertía en campeón sin encender el termómetro. El escenario fue el RCDE Stadium de Cornellà, donde Vinicius se erigió como salvador, firmando un doblete de autor que retrasa el alirón barcelonista y mantiene viva, aunque justita, la Liga para el Madrid.
Partido sin fuego, con chispas personales
Durante la primera parte, el Madrid apenas se reconoció. Sin fluidez en el juego, con problemas para concatenar cuatro pases seguidos y un Espanyol que presionó con intensidad, el encuentro se encajó en lo gris. La única jugada de mérito llegó muy pronto: Bellingham rompió la línea, abrió a Trent y el centro fue desviado por El Hilali hasta la media volea de Vinicius, que se estrelló en el palo. Fue la mejor imagen de un primer tiempo decepcionante para un equipo que, al menos sobre el papel, aún aspira al título.
✅ ¡Victoria con un doblete de @ViniJr!
— Real Madrid C.F. (@realmadrid) May 3, 2026
Además, el partido se vio marcado por la lesión de Mendy en su primer sprint. El lateral francés, ya atribulado por su fragilidad física, tuvo que ser sustituido por Fran García, un cambio que obligó a Arbeloa a reajustar el esquema desde el minuto uno. El Espanyol, por su parte, aprovechó su condición de local para mantenerse disciplinado, compacto y dispuesto a pelear cada balón.
Vinicius, el que aguanta la llama
El Madrid necesitaba un revulsivo, y el técnico lo encontró en el banquillo. En el descanso, Arbeloa movió fichas: mastantuono y Gonzalo entraron por Thiago y Brahim, y la dinámica cambió. El delantero salió a la grada antes de marcharse, pero no sin antes dejarse quiere; el equipo se aglutinó alrededor del balón, cerró filas y salió a la segunda parte con otra cara.
Apenas pasadas las cinco minutos, Vinicius rompió el hielo. Tras un pase de Gonzalo, el brasileño se fue de Calero y Cabrera, los dejó sentados con un solo amague y definió con un disparo rasante al palo corto. El gol llegó a Cornellà como un puñetazo, quebró la resistencia del Espanyol y dio libertad al Madrid para abrir el campo.
El segundo golazo y el miedo al Clásico
El partido empezaba a volcarse. El equipo local, sabiendo que cualquier error podía ser fatal, salió a empujar con todo. Terrats rozó el empate con un disparo desde fuera del área; Romero estrelló su intento en las manos de Lunin. Pero la respuesta madridista fue letal: Vinicius volvió a aparecer, esta vez con un escenario de manual. Bellingham, dentro del área, devolvió el balón con un taco preciso y el brasileño, con el pecho de pie, soltó un disparo de empeine alto a la escuadra, imposible para Dimitrovic. Doblete de autor, 0‑2 y un duelo matado en el segundo tiempo.
El Madrid, consciente de su historial de pinchazos en los tramos finales del calendario, se dedicó a gestionar el partido. Mientras se entraba en los últimos minutos, el Espanyol intentó un asalto tardío, pero Lunin estuvo firme y la defensa cerró los huecos. Vinicius salió abrazado con Arbeloa, en un gesto de agradecimiento mutuo, mientras el árbitro Gil Manzano lucía tarjeta amarilla en el bolsillo, listo para encender cualquier chispa.
Sin pasillo y con el Clásico encendido
El triunfo no se sostiene en un futbol sobresaliente, sino en la capacidad de Vinicius para materializar las pocas acciones que se fabricaron. El brasileño, abucheado y buscado por el Espanyol, terminó castigando a su acosador con dos goles de catálogo. Gracias a eso, el Madrid evita que el Barcelona celebre el título en esta jornada y llega al Clásico del domingo siguiente con algo más que dignidad: con la posibilidad real de que el título no se certifique en el Camp Nou.
El panorama para el Espanyol, por otro lado, sigue siendo sombrío. Con una racha larga sin victorias y el riesgo de descenso cada vez más cercano, el equipo de Manolo González se ve atrapado en la paradoja de servir a un rival a distancia, mientras lucha por mantenerse en Primera. El Madrid, por su parte, sigue patinando en la tabla, pero al menos hoy cargó con el peso de su historia y lo dejó en los botines de Vinicius

