Desde el Atlántico

Carlos Ruiz

La «Marcha verde»: vergüenza de ayer, amenaza de mañana

Hoy, 6 de noviembre, hace 33 años que la «Marcha verde» ideada por Kissinger y ejecutada por Hassán II, invadió el territorio del Sahara Occidental. Esa violación de las fronteras internacionales fue condenada. Pero la pasividad de las Naciones Unidas para reparar esta violación incita a Marruecos a reclamar nuevas tierras: Mauritania, parte de Argelia, parte de Mali y, por supuesto, parte de España.

La Marcha Verde era el «plan B» para el supuesto de que el Tribunal Internacional de Justicia (TIJ) no diera la razón a Marruecos en sus pretensiones anexionistas sobre el Sáhara (como así ocurrió). Para esta gente, el Sahara Occidental tenía que caer en manos de Marruecos: por las buenas… o por las malas.
Y, en efecto, esta Marcha se anunció el mismo día, 16 de octubre de 1975, en el que L TIJ dejó bien claro para siempre que Marruecos nunca había ejercido soberanía sobre el Sáhara Occidental.

Una vez puesta en movimiento, escoltada por el «pacífico» ejército marroquí se dirigió al territorio del Sáhara y el día 6 de noviembre violó la frontera internacional. El Consejo de Seguridad, en su importantísima resolución 380 condenó la marcha y pidió la retirada de Marruecos del territorio.
La Marcha Verde, por tanto, es una violación del Derecho Internacional. Y sin embargo…

Marruecos celebra como fiesta nacional esta violación (declarada por el Consejo de Seguridad) del Derecho Internacional. Una violación, encima, específicamente dirigidada contra España.

Esta violación no sólo no se castiga, sino que algunos (en España, de forma destacada, Rodríguez Zapatero y Moratinos) apoyan medidas (la última, el «estatuto avanzado» para Marruecos en el seno de la UE) legitiman la ocupación.

Esto sólo puede producir un efecto: alentar el expansionismo marroquí. Hoy, ¡en 2008!, el editorialista del periódico oficioso de Mohamed VI (y pariente), Hassan Alaoui, reivindica como parte de Marruecos ya no sólo el Sáhara Occidental y los territorios españoles norteafricanos, ¡¡sino también toda Mauritania, el oeste de Argelia y el noroeste de Mali!!

Del hecho se desprenden varias conclusiones:

La primera, es ¿cómo es posible ser «amigos» de Marruecos mientras este país celebra como fiesta «nacional» una agresión contra España?

La segunda, es ¿cómo es posible confiar en la palabra de Marruecos cuando enaltece como página gloriosa la violación de sus compromisos internacionales como miembro de Naciones Unidas?

Y la tercera, y más preocupante, es ¿cómo va a haber estabilidad y paz en el norte de África mientras se premie la política expansionista marroquí?

Autor

Carlos Ruiz Miguel

Catedrático de Derecho Constitucional Director del Centro de Estudios sobre el Sahara Occidental Universidad de Santiago de Compostela

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Carlos Ruiz Miguel

Catedrático de Derecho Constitucional
Director del Centro de Estudios sobre el Sahara Occidental
Universidad de Santiago de Compostela

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