Desde el Atlántico

Carlos Ruiz

¿Por qué ya no se habla de Georgia?

Una de las últimas torpezas de la segunda administración Bush fue la «aventura» de Georgia. Pero después de acusar a Rusia de mil y una maldades, las «antenas» de transmisión de consignas parece que han enmudecido de pronto ¿Por qué?

Lo de Georgia ha sido un error de la política norteamericana en un proceso complejo en el que confluyen varias vertientes.

En primer lugar, es la última etapa de un proceso continuado dirigido a encerrar a Rusia. Este proceso, emprendido en el oeste y el sur-sureste de Rusia supone un incumplimiento de las promesas que, según Gorbachov, hizo James Baker en nombre de los USA, para que se aceptara la reunificación de Alemania: «no habrá ampliación de la OTAN hacia el este«.
El hecho es que, de forma a mi juicio irresponsable, la OTAN está extendiéndose hacia el Este cada vez más. Se intenta incluso incorporar a Ucrania y a Georgia… Esto implica un incumplimiento de compromisos que no es el camino más indicado para sentar un marco estable para las relaciones internacionales.

En segundo lugar, la vertiente económica (o económico-política), a saber, el control del oleoducto Bakú-Tiblisi-Ceyhan que conecta los pozos petrolíferos del Mar Caspio con los puertos del Mar Negro. Algunos, sin embargo, consideran que los USA han sobreestimado las reservas petrolíferas en el Mar Caspio para justificar un oleoducto que es más rentable política que económicamente.

En tercer lugar, se especula acerca de la importancia que tiene la política israelí sobre Georgia. El ministro de Defensa georgiano, de hecho, es un ciudadano israelí. Algunos consideran que la falta de apoyo de Rusia a Israel en sus relaciones con los árabes puede explicar el por qué Israel ha ayudado militarmente a Georgia, enfrentada a Rusia.

En cuarto lugar, es sorprendente que en los círculos decisores norteamericanos se haya podido llegar a tal grado de delirio como para pretender que «la ley del embudo» tiene validez internacional. Al parecer, los USA sí que pueden tener un «área de influencia», pero Rusia no. Los USA pueden apoyar la declaración de independencia de un territorio (Kosovo) que forma parte de Serbia (aliada de Rusia), pero Rusia no puede apoyar la declaración de independencia de unos territorios (Abjasia y Osetia del sur) que forman parte de Georgia (aliada de USA).

Y de pronto… silencio. ¿Por qué?
Puede haber dos razones.

La primera, es que contra lo que la propaganda de USA y sus antenas de transmisión de consignas dijo, parece que quien provocó la guerra no fue Rusia, sino que fue Georgia. Georgia, confiada en el apoyo de USA e Israel (militar, político y, sobre todo, mediático) pensaba que podría salirse con la suya. Sin embargo, ocurre que un informe confidencial de la OSCE (organización para la seguridad y cooperación en Europa) afirma que fue Georgia quien empezó a atacar a civiles. Eso fue precisamente lo que alegó Rusia, por cierto.

La segunda, es que McCain ha perdido las elecciones. Y ocurre que Randy Scheunemann, principal asesor de McCain para asuntos extranjeros hace unos meses recibió 200.000 dólares de Georgia por sus servicios de asesoría

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Autor

Carlos Ruiz Miguel

Catedrático de Derecho Constitucional Director del Centro de Estudios sobre el Sahara Occidental Universidad de Santiago de Compostela

Carlos Ruiz Miguel

Catedrático de Derecho Constitucional
Director del Centro de Estudios sobre el Sahara Occidental
Universidad de Santiago de Compostela

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