Desde el Atlántico

Carlos Ruiz

Decepción ante un nuevo James Bond convertido en anti-Bourne

Dicen que el nuevo James Bond es el «mejor» de la saga. A mi juicio, nada más lejos de la verdad. Ni siquiera es el mejor Bond de los rodados por su actual protagonista pues esta película no le llega al talón a «Casino Royale». Diría más, aunque estéticamente la película sea bastante estimable (aun con sus muchos peros), ético-políticamente dista mucho de lo que es la esencia de la saga. Y lo que es peor, en esta película Bond ha dejado de ser «Bond» para convertirse en cierta medida en un «anti-Bourne». Y es que tras los gravísimos escándalos que han afectado a los servicios secretos británicos y norteamericanos hacía falta «lavarles la cara». Y, de paso, echar una mano a su graciosa Majestad en el conflicto sobre Escocia.

1. «Skyfall», una película artísticamente insuficiente.
Skyfall presenta algunas virtudes estéticas, pero también numerosos defectos. Por ello, resulta completamente infundado sostener que es, nada más y nada menos, que el «mejor» Bond de la historia.
– Estéticamente, hay que poner en el haber las actuaciones de Daniel Craig (que tras «Casino Royale» y «Quantum of Solace» no tiene nada que demostrar), de Javier Bardem (que tras su Óscar en «No es país para viejos» tampoco tiene nada que demostrar) y de Judi Dench (que en su papel ha demostrado ya su solvencia). La dirección de Sam Mendes es buena.
– Pero en el plano artístico la película presenta numerosos defectos.
En primer lugar, las interpretaciones de secundarios importantes y, lo que es peor, llamados a ser importantes en el futuro no dan la talla. Es el caso de Ralph Fiennes, Naomi Harris y Ben Wishaw.
Pero además, en segundo lugar, el guión presenta graves fallos de coherencia: no es creíble que Bardem se «dejara» atrapar para conocer la nueva sede del MI6; no es creíble que Bardem haya colocado explosivos justo al lado del lugar en el que ha sido retenido… si se dice que fue retenido para averiguar cuál fue la nueva sede del MI6. Estos son los más graves fallos del guión, a los que se podrían añadir otros muchos, como el facilísimo acceso de los malos a la Cámara de los Comunes y la gratuita descalificación que hace el «nuevo Q» de los artilugios que fabricaba el «viejo Q» y que son una de las marcas de la serie.
En tercer lugar, conviene decir que una de las dos mejores escenas (la de China y la de Macao, para mí, sin duda, son las mejores) resulta que está inspirada en «Blade Runner»…. Claro alguien podría decir que es un «homenaje» a Blade Runner… pero si lo mejor de una película es algo «inspirado» en otra película que es insuperable el resultado quizá no sea tan sobresaliente como se pretende. Y podríamos añadir que la escena inicial, también muy buena, asimismo está inspirada en películas de sus competidores (Bourne II y Misión Imposible II).

2. «Skyfall», una película ético-políticamente deshonesta tras la denuncia de «Jason Bourne».
Una de las virtudes que tenían las películas de la serie de James Bond es que, de forma amena, servían para denunciar peligros reales para la humanidad: el control del mercado del agua, la manipulación del mercado de valores, el dominio de los medios de comunicación, el control del mercado del oro, el mercado de armas de la extinta Unión Soviética, etc.
Aquellas películas proporcionaban una argumentación convincente para justificar la existencia de servicios secretos.
Sin embargo, en estos últimos años han sido muchos, y muy graves, los escándalos que han minado a los servicios secretos y han cuestionado gravemente su actual papel. Las películas más serias en este terreno han sido las de la trilogía de Jason Bourne (Doug Liman, y Paul Greengrass) «Syriana» (Stephen Gaghan) y «Red de Mentiras» (Ridley Scott). Esas películas han cuestionado bien la verdadera entidad de la «amenaza» a la que se enfrentan los servicios secretos, bien sus métodos o bien la utilización de los servicios para fines ajenos a los oficialmente proclamados.
La nueva película de James Bond, lejos de centrarse en la denuncia de alguno de los peligros que acechan a la humanidad (y el grandísimo mérito de los guionistas de la saga Bond era precisamente saber identificar esos peligros) se dedica, pura y simplemente, a justificar la existencia de los servicios secretos con divagaciones de pasada sobre la «amenaza yihadista» que, después de haber visto «Syriana» o «Red de mentiras» resultan patéticas.
Dicho de otro modo, la nueva película de James Bond es una película increíblemente narcisista en la que el objeto de la trama… es el propio Bond y el propio MI6.

3. … y para guinda, una pequeña ayuda a Su Majestad en el referéndum de Escocia.
Y por si fuera poco lo anterior, la falta de honestidad del nuevo Bond llega a su cénit con la utilización abusiva de la figura de su primer (y mejor intérprete) en favor de la posición inglesa en el conflicto sobre Escocia de 2014.
Como es sabido, el primer y mejor intérprete de James Bond, Sean Connery, es escocés. Pero que Connery fuera escocés no significa que Bond lo fuera. De hecho, en ninguna película de la serie se da a entender que Bond sea escocés. Más bien ocurre lo contrario: Bond es paradigma de virtudes inglesas.
Sin embargo, cuando se rodó la película era notorio que en Escocia se había suscitado un conflicto acerca de la continuidad de la Unión sellada, en 1714, entre Inglaterra y Escocia. Pues bien, en este contexto aparece esta entrega del «nuevo Bond» que ofrece a un «escocés modelo» (por eso ya no bebe Martini ni vino ni champagne sino solo cerveza y whisky) renovando su fidelidad a la Gran Bretaña.

Conclusión:
El nuevo Bond es una película que entretiene pero que sólo por algún inconfesado interés se puede decir que sea la mejor de la saga.
Técnicamente ofrece un guión poco sólido e interpretaciones secundarias vulgares, aunque los papeles principales estén bien llevados y la dirección sea buena.
Ético-políticamente, deja de ser una película «profética», crítica, para convertirse en propaganda.

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Autor

Carlos Ruiz Miguel

Catedrático de Derecho Constitucional Director del Centro de Estudios sobre el Sahara Occidental Universidad de Santiago de Compostela

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Carlos Ruiz Miguel

Catedrático de Derecho Constitucional
Director del Centro de Estudios sobre el Sahara Occidental
Universidad de Santiago de Compostela

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