Desde el Atlántico

Carlos Ruiz

Separatismo catalán: El triunfo de la voluntad o el preludio de una tragedia

El separatismo catalán sufrió un duro golpe con la confesión del «padrino» del separatismo catalán, el 25 de julio de 2014 (festividad del apóstol Santiago, patrono de España) de haber sido un defraudador (al menos) desde que había alcanzado el poder regional en Cataluña. El grave descrédito que supuso esta confesión obligó al movimiento separatista catalán a hacer una «demostración de fuerza». Y, en ese contexto, se volcó en conseguir un éxito en la manifestación de la «V». Pero tanto entusiasmo en la «V» ha encendido todas las alarmas en Europa porque, que a mí me conste, no ha habido en Europa Occidental, desde los años 30 del siglo XX, similares manifestaciones políticas con masas encuadradas y uniformadas cromáticamente. @Desdelatlantico

La celebración del 11 de septiembre realizada en 2014 por los separatistas catalanes es uno de esos casos donde una imagen vale más que mil palabras. Y es que después de esta celebración resulta más difícil negar las concomitancias que el nacionalismo separatista catalán tiene con el nacionalsocialismo («nazismo») alemán de funesta memoria.

La celebración de este año se inició la víspera con una marcha nocturna con antorchas y seguida a la tarde siguiente con la representación de una «V» gigante, encuadrando a miles de personas con colores uniformes. No era, evidentemente, una manifestación para que cada uno acudiera, como persona, con su individualidad, sino para concurrir encuadrados y con uniformidad cromática.

Y ello para formar una «V» que, según sus organizadores significa «Votación», «Victoria» y «Voluntad». ¿Y cuál es el significado profundo y desasosegante de esa «V»? Pues no hay lugar a dudas. Se pretende conseguir una «Victoria» política haciendo una «Votación» que no respeta el procedimiento establecido para conseguir hacer realidad su (nada santa) «Voluntad».

Nadie en su sano juicio puede decir que los ciudadanos españoles que viven en Cataluña no votan libremente desde diciembre de 1976. Ahora bien, lo que diferencia un Estado de Derecho de uno que no lo es, radica en que el Derecho determina «cómo» y «qué» votar. ¿Se podrían suprimir las autonomías en España simplemente convocando una «consulta» para ello? No lo parece, pues para «eso» hay un «cómo», un procedimiento de reforma constitucional según unos procedimientos y mayorías determinados.

Si para tratar la situación jurídico-territorial de Cataluña esos procedimientos y mayorías (establecidos no sólo en la Constitución, sino también en el propio Estatuto catalán) no se respetan ¿por qué deberían ser respetados cuando lo que se trata es de «decidir» otras cuestiones que no sean la separación de Cataluña?

Y aquí radica el problema: cuando quien no puede conseguir sus objetivos políticos no tiene respeto por las normas (sin el cual es imposible la convivencia pacífica) abandona la vía de la razón y del Derecho para tomar la de la «Voluntad».

En épocas en que se estudiaba más filosofía se enseñaba que al «racionalismo» se oponía el «voluntarismo». Y precisamente fueron las ideas antirracionalistas y voluntaristas las que gestaron el monstruo del nazismo. La obra visual que, más que mil palabras, nos ilustra lo que fue el nazismo se la debemos a Leni Riefensthal: «El triunfo de la voluntad» impresionante película sobre el congreso nazi de Nuremberg de 1934 (cuando aún no se habían creado los campos de concentración). Dado que «Triunfo» es sinónimo de «Victoria» aterra pensar que en la Europa de 2014 se vuelva a escenificar con una marcha de antorchas y una manifestación de masas encuadradas y uniformadas un nuevo «Triunfo de la Voluntad». El que Riefensthal rodó en 1934 fue el preludio de una tragedia. Y éste, mucho me temo, también.

NOTA
Este artículo se publicó en el diario «El Correo Gallego», el 24 de septiembre de 2014

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Autor

Carlos Ruiz Miguel

Catedrático de Derecho Constitucional Director del Centro de Estudios sobre el Sahara Occidental Universidad de Santiago de Compostela

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Carlos Ruiz Miguel

Catedrático de Derecho Constitucional
Director del Centro de Estudios sobre el Sahara Occidental
Universidad de Santiago de Compostela

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