La situación es insólita, incluso para los estándares de Washington: el presidente Donald Trump sitúa a la Reserva Federal en el corazón de un enfrentamiento político, mientras su equipo amenaza con cargos penales contra su presidente, Jerome Powell, por una obra de rehabilitación inmobiliaria que ha pasado a ser tanto excusa como símbolo.
Más allá del ruido legal, lo que verdaderamente está en juego es quién tiene el control sobre los tipos de interés en Estados Unidos y cuánto puede resistir la independencia de un banco central que se encuentra bajo la presión directa de la Casa Blanca.
En términos inmediatos, es probable que la economía continúe funcionando normalmente.
Sin embargo, tras bambalinas se libra una batalla cuyo resultado definirá no solo cómo evolucionarán los tipos sino también quién realmente marca rumbo dentro política monetaria mayor economía mundial; algo cuya resonancia va mucho más allá incluso del Potomac.
De una reforma de 2.500 millones a una amenaza penal
El detonante inmediato es la costosa modernización de las dos sedes históricas de la Fed situadas en el barrio de Foggy Bottom, en Washington D. C..
Algunos datos relevantes del proyecto son su coste estimado (actual) alrededor de 2.500 millones de dólares.
El objetivo declarado es actualizar edificios de los años 30, reemplazar sistemas eléctricos y de agua, mejorar seguridad, eliminar amianto y otros materiales peligrosos, además de cumplir con estándares modernos de seguridad y accesibilidad.
En cuanto a la financiación, los recursos propios de la Fed, sin recurrir a partidas del presupuesto federal ni impuestos.
El calendario para las obras se alarga hasta al menos 2027, con retorno del personal a las instalaciones a partir de 2028.
El coste ha aumentado desde estimaciones iniciales cercanas a 1.900 millones, debido en parte a:
- Inflación en materiales y mano de obra.
- Problemas inesperados: más amianto del previsto, contaminación del suelo y un nivel freático más alto de lo esperado.
- Cambios en el diseño tras revisiones técnicas y urbanísticas.
La propia Fed subraya que el proyecto busca reducir costes a largo plazo al consolidar personal que actualmente ocupa oficinas alquiladas en diversos edificios privados.
Lo que dice Powell: un “pretexto” para forzar recortes
El pasado viernes, el Departamento de Justicia entregó a la Reserva Federal citaciones de un gran jurado, lo que abre la puerta a una posible imputación penal vinculada con la declaración de Jerome Powell ante el Comité Bancario del Senado el pasado junio.
En esa audiencia, Powell defendió la reforma: afirmó que no había “nuevo mármol”, ni “ascensores especiales”, ni lujos innecesarios como “jardines en la azotea” o “fuentes” y que las instalaciones no eran completamente seguras ni estancas, y que era inevitable llevar a cabo una reforma integral.
En una declaración poco habitual por su contundencia, publicada por la propia Fed, Powell ha manifestado que respeta el estado de derecho y la supervisión del Congreso. Sin embargo, califica las acciones del Departamento de Justicia como “sin precedentes”. Sostiene además, que las citaciones son simplemente un “pretexto” para intensificar la presión política y forzar recortes en los tipos.
Su frase más impactante revela las tensiones institucionales:
“La amenaza de cargos penales surge porque la Reserva Federal establece los tipos según nuestra mejor evaluación sobre lo que beneficia al público, en lugar de seguir las preferencias del presidente.”
En otras palabras, este conflicto no se trata solo de ladrillos; es una cuestión profundamente política.
La ofensiva de Trump: tipos bajos sin excusas
La relación entre Donald Trump y Jerome Powell ha tenido sus altibajos durante años.
Los puntos clave en este enfrentamiento son:
- Trump demanda recortes drásticos en los tipos, hasta alcanzar tres puntos porcentuales, para estimular el crecimiento y abaratar las hipotecas.
- Asegura que tasas más bajas también disminuirían el coste financiero para el propio gobierno federal.
- Ha calificado el proyecto para la sede como un despilfarro que podría alcanzar “3.000 o 4.000 millones de dólares”, muy por encima de las estimaciones proporcionadas por la Fed.
- No ha dudado en calificar a Powell como “gravemente incompetente” y ha amenazado con permitir demandas masivas relacionadas con la reforma del edificio.
El equipo de Trump ha elevado el tono al cuestionar públicamente la veracidad del testimonio dado por Powell ante el Senado e impulsar así una investigación penal al respecto.
La combinación resulta explosiva: Cuestionamiento público sobre cómo se gestiona la Fed, ataques personales al presidente del banco central; y ahora, utilizando los recursos legales del Ejecutivo para investigar a quien establece los tipos.
¿Qué está en juego? Independencia, inflación y credibilidad
Después del aumento significativo precios durante los últimos años, la Fed ha mantenido una política con tipos relativamente altos buscando doblegar la inflación sin provocar una recesión profunda.
En este panorama la Casa Blanca aboga por tasas más bajas para sostener crecimiento económico, empleo y estabilidad financiera. Por su parte, la Fed, por su parte, insiste en tomar decisiones basadas en datos concretos y no según conveniencias políticas inmediatas.
El conflicto actual plantea varios riesgos:
- Riesgo institucional
- Que un gobierno utilice amenazas legales para influir en decisiones sobre tipos.
- Que futuros presidentes consideren esta táctica como un precedente aceptable.
- Riesgo sobre expectativas del mercado
- Si los inversores perciben que la Fed cede ante presiones políticas, pueden dudar sobre su compromiso con controlar la inflación.
- Esto podría resultar en mayores primas por riesgo asociado a deuda estadounidense y mayor volatilidad tanto en mercados financieros como monetarios.
- Riesgo internacional
- Otros países observan cómo se trata a la Fed, lo cual puede ser indicador sobre la solidez institucional estadounidense.
- Una imagen percibida como un banco central “politizado” alimenta dudas acerca del dólar como refugio seguro a largo plazo, aunque este efecto puede ser gradual.
El frente de obra: símbolo perfecto para una guerra política
La reforma edilicia se ha convertido en un arma narrativa ideal.
Para la Casa Blanca representa un ejemplo claro de cómo un organismo burocrático gasta miles de millones «sin control», mientras obstaculiza el crecimiento mediante altos tipos.
Para la propia Fed, es vista como una inversión estratégica destinada a mejorar la seguridad y la eficiencia, mientras se ahorra dinero al evitar alquileres excesivos; todo ello bajo supervisión tanto interna como externa por parte de los reguladores federales correspondientes.
El proyecto también ha ido ajustándose:
- Se han eliminado o reducido ciertos elementos, como terrazas o espacios exteriores, para contener gastos.
- En 2024 se canceló otra reforma prevista (el New York Avenue Building) para evitar aumentar aún más las presiones sobre el presupuesto.
A pesar de esto último, el relato sobre una «obra faraónica» se adapta bien a las estrategias políticas diseñadas para ejercer presión sobre Powell.
Escalada judicial y tensiones económicas: ¿qué nos espera?
Las citaciones provenientes del gran jurado marcan un cambio significativo.
De aquí surgen varios posibles escenarios:
- Que todo quede solo como un acto simbólico, sin cargos formales, pero dejando ya secuelas políticas.
- Que eventualmente se presenten cargos relacionados con posibles falsedades en declaraciones realizadas por Powell; esto podría desencadenar un choque frontal entre la Casa Blanca y el banco central.
- O bien que toda esta agitación política influya en decisiones tomadas por miembros del Comité Federal de Mercado Abierto, ya sea reforzando su independencia o actuando desde el miedo ante posibles represalias.
Para los mercados financieros, lo crucial durante las próximas semanas será observar:
- Si la Fed sostiene un mensaje claro e independiente durante sus próximas reuniones públicas.
- Cómo reaccionan los tipos a largo plazo, especialmente respecto a los rendimientos de los bonos del Tesoro.
- Y hasta qué punto aumenta esa prima asociada al riesgo político vinculado a EE. UU.
