Diario de Golondrina

Volando el otro día de Tokio a Munich, encontré en mi equipaje de mano un librito que había comprado poco antes en Barajas y que leí de un tirón, cosa por otro lado nada difícil porque apenas tiene cien páginas de gran letra y además es muy entretenido. Es una obra de una de las autoras de culto de la última hornada, o la penúltima, que responde al nombre de Amélie Nothomb, cuya lectura recomiendo muy de veras.

La traigo aquí a colación porque la chica (bueno, ya ha cumplido los cuarenta) nació nada menos que en Kobe (Japón), lugar donde se produce la famosa carne que está haciendo las delicias del planeta, de esos bueyes alimentados con cerveza y que disfrutan de música clásica. Aunque habla muy bien japonés, y ha trabajado de intérprete, ella en realidad es de una familia belga, y su padre fue Embajador en Japón, donde se crió, además de en China. Algunas de sus obras tienen un raro nexo con este buen vivir, con títulos como «Higiene del asesino», «Brillante como una cacerola», «Cosmética del enemigo», «Biografía del hambre» o este que aquí nos ocupa «Diario de Golondrina«.

No les contaré nada sobre el libro que rompa el interés por su lectura, porque está lleno de sorpresas e inquietud, de una extraña y postmoderna sensación de vacío, no exenta de sentido del humor. Solo quiero subrayar, para abrirles el apetito de su lectura, que da consejos como que «nunca deberíamos comer demasiado cuando nos sentimos nostálgicos… El que se siente a punto de hundirse en la elegía debería ayunar para conservar su espíritu austero. Antes de escribir Las tribulaciones de joven Werther, ¿cuánto chucrut con guarnición se había zampado Goethe?

Aprenderemos las diferencias entre comer un par de higos y tres aceitunas como hacían, dicen, los filósofos presocráticos, en comparación con los atracones de lácteos y pasteles de Rousseau, así como algunas de las razones para comer pollo asado o fiambres, razones que seguramente nos sorprenderán. Pero no se llamen a engaño, no es un libro de cocina ni sobre gastronomía, es un libro de Amélie Nothomb, con lo que, para quienes ya la conozcan, con eso mucho está dicho.

La vida de un mensajero muy cultivado que cambia su vida por una canción se resume en cien ligeras páginas que se tardan en digerir, y cuya ingesta pueda acarrear consecuencias. Como las tuvo el Diario del que el libro habla. Yo, me callo.

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Autor

Juan Luis Recio

Blogger gastronómico y de tendencias, crítico de vinos (XL Semanal), letrista, sociólogo, mensista, poeta

Juan Luis Recio

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