«Molecular o tecno-emocional, la vanguardia de la cocina apuesta por ingredientes muy especiales, algunos de los cuales no dejan de suscitar polémica entre los científicos. Esto también lo saben los cocineros, que prefieren no informar a sus clientes sobre los componentes de sus creaciones, de efectos ópticos tan impactantes. Peor aún: los «cómplices» de la cocina tecno-emocional también hacen sus incursiones en la gastronomía tradicional. Los representantes anuncian los supuestos «polvos mágicos» con palabras como «Con esto es con lo que cocinan los mejores cocineros del mundo». Este libro explica con toda claridad lo que hoy día –desgraciadamente– debería saber cualquier potencial cliente sobre algunos restaurantes. Revela que las técnicas de la llamada cocina molecular no las han diseñado cocineros geniales, sino industriales alimentarios. Muestra que la investigación para el empleo de aditivos en el restaurante la han financiado la industria química… y el contribuyente. Y explica cómo los cocineros «ennoblecen» el aceite de oliva con productos químicos baratísimos. Para los señores de los fogones, el empleo masivo de química tiene una ventaja decisiva: la química es barata; los filetes, el pescado, el pollo y la verdura, en cambio, son caros».
Bueno, para ser sincero, todo lo anterior no lo he escrito yo, sino que es una reseña de la Editorial Akal, quien ha editado este curioso e interesante libro, titulado «No quiero volver al restaurante, de cómo la cocina molecular nos sirve cola para papel pintado y polvo extintor» y que pone en tela de juicio la cocina molecular. El libro está escrito por Jörg Zipprick y cuesta unos 15 €. Aún no lo he leído, pero me parece que les puede resultar de interés estén a favor o en contra de esta nueva cocina que tantas polémicas está levantando, con encendidos y a veces hasta incendiarios debates. Ya me dirán qué les parece, mientras que lo leo…
