Krug Rosé y Grande Cuvée, un champagne inconformista y el arte del asemblage

Es una buena opción para el Día de la Madre, por ejemplo. Y es que Krug Grande Cuvée es la firma atemporalmente elegante deKrug, un champagne imponente de inigualable equilibrio. Del contraste surge la armonía, una experiencia gustativa sensacional. Y eso se observa en su cata, donde a la vista destaca un resplandeciente color dorado, al que sigue un buqué prodigiosamente expansivo y una textura casi cremosa. En boca, una explosión de sabores, suaves y maduros, frescos y delicados: tostadas, especias suaves, frutos secos, frutas confitadas…

En suma, Krug Grande Cuvée es una demostración suprema del arte del assemblage. No existen más recetas para este champagne que la memoria de la familia Krug para recrear esta consumada mezcla de champagnes. Habitualmente, Krug Grande Cuvée consta de al menos 50 vinos procedentes de 20 a 25 pagos y de 6 a 10 cosechas diferentes. De acuerdo con Rémi Krug, «si Johann-Joseph Krug probara el actual Grande Cuvée, no tendría la menor duda de que es lo que él había soñado cuando fundó Krug en 1843″.

El Krug Rosé, nos informan, es toda una experiencia de degustación sin comparación para celebrar los preciosos momentos de la vida. Pura provocación, un prodigioso champagne sensual que fusiona la intensidad y la elegancia del estilo Krug con una emoción propia. La llegada de Krug Rosé se esperó, por decirlo así, ansiosamente. Durante muchos años antes de tomar la decisión de producirlo, los amantes de Krug en el mundo entero habían reclamado que realizara un champagne rosado de su propio estilo, pero inicialmente, ni Henri ni Rémi Krug estaban convencidos del todo de producir un rosado, ya que pensaban que era una especie de artificio. Por entonces, la mayoría de los champagnes rosados existentes en el mercado eran oscuros, dulces y pesados.

Finalmente, animados por la extraordinaria cosecha de 1976, iniciaron un experimento secreto. Los racimos de pinot noir se fermentaron durante poco tiempo y se mezclaron con chardonnay y meunier fermentados tradicionalmente, con cierta proporción de vinos de reserva. Según la costumbre de la Maison, en función del sabor deseado se imaginó un tipo de producción, y el magnífico color cobrizo fue una consecuencia natural.

En 1983, unas cuantas botellas salieron de las bodegas y Henri y Rémi Krug le sirvieron la primera copa a su padre, Paul Krug II, que ignoraba el experimento. Un solo sorbo bastó al abuelo Krug para acabar con todas las dudas. «Alguien nos está copiando el estilo», exclamó, con lo que todos entendieron que Krug podía tener un Rosé creado según el estilo de la Maison. Se trata de un champagne tan intensamente fresco, tan seductoramente sedoso. con notas de bayas silvestres, especias exóticas y flores concentradas, que representa una tajante ruptura con lo convencional.

Krug Rosé es definitivamente el más inconformista de todos los champagnes de Krug. Recreado cada año, encapsula el mismo espíritu creativo del Krug Grande Cuvée, una demostración sublime del arte del assemblage de Krug. Es un placer inesperado, que sorprende en cada sorbo con su textura, color y sabor. Nos muestra una paleta aromática amplia y extensa, inusual para un champagne rosé.
Sus aromas radiantes, revelan armonías entre el hojaldre y la tarta de frutos rojos, desenvolviéndose hacia frutas silvestres y especias, así como miel y cítricos. Sus acentos florales y notas a frutos secos cautivarán los más exigentes paladares. Su extrema delicadeza se ve reforzada por la sutileza de sus finas y elegantes burbujas.

La deliciosa frescura de Krug Rosé contrasta maravillosamente con las especias cocinadas a fuego lento y amplifica platos ricos y sabrosos para crear una suntuosa aventura gastronómica. Krug Rosé se puede disfrutar solo o con foie gras, cordero, carne blanca, carne de venado o anchoas, así como platos muy sabrosos y picantes. Y es que con un tiempo de maduración de al menos seis años en las bodegas de la Maison, Krug Rosé marida a la perfección con cualquier exquisita gastronomía, jugando al mismo tiempo con una sensual composición musical.

Se considera como la única Maison que elabora sólo champagnes de prestigio todos los años desde 1843. Y es que los champagnes de Krug se caracterizan por la absoluta atención al detalle y la artesanía en el proceso de elaboración. La historia de la Maison Krug ilustra la hermosa aventura de un visionario, Joseph Krug, quien entendió que la esencia del champagne es el placer, ofreciendo a sus consumidores lo mejor de cada añada independientemente del impacto climático del año, evitando la espera de una buena cosecha para elaborar un gran champagne. La elaboración de los champagnes de Krug se basa en un método absolutamente único en la Champagne, marcado por la obsesión en el detalle y la búsqueda permanente de la excelencia. Un respeto absoluto por la individualidad de cada viñedo, una filosofía al servicio de la altísima calidad, la mezcla de vinos conocido como assemblage, y el larguísimo tiempo de maduración de los champagnes Krug en sus bodegas, son los elementos de su proceso de elaboración artesanal desde 1843.

Autor

Juan Luis Recio

Blogger gastronómico y de tendencias, crítico de vinos (XL Semanal), letrista, sociólogo, mensista, poeta

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