Se atribuye a Voltaire la famosa frase de “no comparto tus ideas, pero defenderé con mi vida tu derecho a expresarlas”, dirigida a un antagonista.
Claro que de entonces a acá han pasado más de 300 años y ahora a los adversarios no se les da ni agua.
En ese ambiente de creciente hostilidad hacia los críticos y de premio al paniaguado de turno, las administraciones públicas otorgan frecuencias radiotelevisivas a grupos y personas afines. También, sin excepción, los canales audiovisuales autonómicos y municipales resultan obsecuentes servidores de quien manda.
Vivimos, pues, en un mundo democrático, sí, donde caben todas las opiniones, por supuesto, pero excluyéndose unas a otras, según sea el color político respectivo.
En ese alineamiento no hay fisuras. Sucede con los contertulios de radio y televisión: sea cual fuere el tema, sabemos previamente lo que van a decir sobre él. Ni una sola vez, los pobres, nos sorprenden con un pensamiento original, una idea propia o una opinión independiente.
