A Contracorriente

Enrique Arias Vega

¿Por qué «Podemos»?

Lo más interesante de estas últimas elecciones es que un partido inexistente hace unos meses se haya convertido en la cuarta fuerza electoral del país. Impensable.

Existen escasísimos precedentes. En el año 1953, un desconocido diputado francés, Pierre Poujade, lanzó un movimiento en favor del pequeño comercio que llegó a obtener 2,6 millones de votos y desapareció al cabo de cinco años. En Italia, el cómico Beppe Grillo, consiguió el año pasado que el 25,5% del electorado apoyase su movimiento antisistema.

Aquí, el éxito de la plataforma del joven Pablo Iglesias se emparenta con el de los indignados del 15-M, hace tres años, y lo que entonces se llamó pomposamente the Spanish revolution. ¿Son ésos sus valores? ¿Bastarán para subvertir el actual sistema político-económico?

Los más escépticos —como el líder del PP González Pons— creen que este fenómeno es flor de un día y que, en todo caso, su aparición se debe a un ajuste de cuentas dentro la izquierda española y a una reubicación de sus votantes.

En parte, quizá tenga razón. Pero en mucha mayor medida, ese comentario responde a la displicente ignorancia con que nuestra clase política desdeña temas que les sobrepasan, como la creciente desafección de Cataluña, por ejemplo.

Los políticos tampoco se han dado cuenta de que las reglas del juego han cambiado y que los electores pasan ya de votar a unas siglas abstractas, llenas de promesas incumplidas e incumplibles y prefieren la cercanía de personas que conocen por Twitter o por sus apariciones en TV.

Eso es lo que ha pasado con Pablo Iglesias, cuyo rostro sustituye al anagrama partidista en la propia papeleta electoral: se ha convertido en una imagen próxima a millones de ciudadanos, eventuales votantes de Podemos, cuyo programa se parece más a los de Hugo Chávez y Evo Morales que al del Barak Obama, a quien han copiado el lema electoral.

Pero lo importante no son tanto los mensajes como la credibilidad que aporta esa cercanía. Dada la creciente demanda ciudadana de proximidad, de confianza y de conocimiento personal, resulta del todo imprescindible cambiar el sistema electoral por otro de listas abiertas o de circunscripciones uninominales, donde los candidatos, en vez de ser como ahora unos desconocidos paniaguados colocados sin más en una lista, sean personas diferenciadas, capaces hasta de oponerse a su propio partido cuando así se lo exijan sus electores, que en ese caso lo serán de ellos y no de unas siglas sin alma, corazón, ni vida.

Autor

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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