Es conocida la frase de que cada persona es ella…y las circunstancias que la envuelven. Es así: son factores determinantes, para bien o para mal.
Valga por ello el parafraseo “Yo soy yo y mis contactos”. Es una frase que se pueden aplicar periodistas, profesionales liberales en general y por supuesto responsables de comunicación.
Conocer personas es un principalísimo fondo de comercio. Toda transacción tiene un trasfondo humano. Las personas son las que sienten, las personas son las que deciden. El factor humano está detrás de todo.
Hasta el hartazgo preconizo en mis seminarios la conveniencia de que los participantes constituyan sus redes personales de relación. Pocos interlocutores discrepan sobre la conveniencia de esta práctica. Pero en cambio son muchos los que asienten, bajan reflexivamente la cabeza pero no pasan a la acción.
Trasfondo: la llamada gestión de contactos lleva tiempo. Es una inversión de esfuerzo y un reto a nuestra capacidad de ser ordenados y tenaces.
Por lo general nos lanzamos a la caza abierta de un contacto tan sólo en situación de extrema necesidad. Los tiempos de bonanza, por el contrario, nos adormecen, nos tornan conformistas…hasta que la necesidad nos vuelve a enseñar las orejas del lobo.
La cultura norteamericana es emblemática de una manera eficiente de relacionarse en el campo profesional Requiere la observación constante de nuestro entorno y desarrollar la habilidad de ser sensibles al talento ajeno.
Por contactos entendemos personas accesibles, gente que nos hará un cierto caso. No debemos confundir contacto con el término amigo en el sentido noble y sagrado del término. Los contactos son relaciones utilitarias pero no por ello inmorales. El llamado “networking” es una filosofía de trabajo que –bien ejercitada- implica una querencia natural por favorecer a los demás, por sentir como propio el beneficio ajeno. Por compartir.
En este ámbito no faltan los tiburones, los puros “depredadores de contactos”. Sólo buscan gente a quien pedir favores sin ningún ánimo de corresponder. Pura carnaza, nada de simbiosis (ayuda mutua). En este aspecto la vida va poniendo a cada uno en su sitio.
Los frutos de una sana gestión de los contactos son dulces y duraderos. Los chascos y las decepciones también están a la orden del día. Pero este no es un terreno para los proclives a la frustración rápida o al cálculo irreal de expectativas de beneficio.. Todo lo contrario: es una ducha diaria de sentido de la realidad.
Que se lo pregunten a Bill Clinton.