Acabo de ver la película “El perfume”. Posiblemente no es una obra maestra. Pero tiene toques magistrales. Aroma de talento, especialmente en sus primeros 30 minutos.
La escena del protagonista buscando la esencia de todas las cosas a través del olfato es antológica. La demostración de sus habilidades olfativas recreando en un periquete la composición del perfume de moda ante un prestigioso perfumista parisino es conmovedora. Comparable a aquellos compases que el genial Mozart pergeña en la película “Amadeus” ante la mirada estupefacta de los maestros de la corte. Es lo que tiene el talento.
Detectar el talento de las personas es una de las cosas más maravillosas de las que se puede ocupar un profesional. La emoción de ver en alguien lo mucho que en potencia podría llegar a ser es sólo comparable al radioestesista que experimenta el temblor al final de la varilla o en la dirección del péndulo: “Aquí hay agua”.
En 2005 decidí crear Mediatrix. Se trata de un una consultoría sin ánimo de lucro que reúne en una base de datos aquellas personas con talento que voy conociendo en el sector de la comunicación. Muchos de ellos son ex alumnos de mis cursos y conferencias. De quienes me lo solicitan guardo sus datos y los pongo a disposición de otros “headhunters”, empresas o amigos que me piden consejo y prescripción de personas.
Nada hay más gratificante que facilitar el camino a las personas que tienen talento. Es, por otro lado, justo lo contrario de lo que acontece en nuestra sociedad. En líneas generales, no son los mejores profesionales los que llegan a los mejores puestos. La ineficiencia del sistema es escandalosa. Su injusticia, brutal. Hay una especie de complot de personas mediocres que ralentizan la circulación libre y fluida del talento.
Hace años que esta injusticia me desazona. Y en 2005 decidí pasar a la acción: lo mejor ha de ser para los mejores. Tal año creé Mediatrix,
palabra que aúna los términos “Media” (=medios de comunicación) y “Matrix” (una de las películas más fascinantes en su primera entrega).
Mi amigo el escritor Alex Rovira Celma me dijo en cierta ocasión que más allá de mis formas corteses yo era en el fondo “un gran rebelde”. “Mediatrix” canaliza ese espíritu de rebelión. Ese aroma. Esa necesidad.
(PS.-No hace falta teléfono intempestivo para acceder a “Mediatrix”. Se
llega cómodamente vía [email protected]. Pero cuidado: nos
vigilan).