Gregorio Morán, a quien no tengo el gusto de conocer pero sí de leer,
escribe en su sección semanal “Sabatinas intempestivas” en el diario La
Vanguardia del 3 de febrero-07 el artículo “Un escritor pide la palabra”.
No tiene desperdicio.
A quienes se fijaron en mi texto “El aroma del talento” bien puede
interesarles leer la mencionada sabatina. El articulista, de trayectoria
acreditada y avezado en la crónica con otra mirada, glosa las bondades del
libro “La filosofía en invierno” de un tal Ricardo Menéndez Salmón.
Como contrapunto a la bondad del libro, Morán se lamenta de la maldad de un sistema que ningunea el talento. Lean, lean:
“La crítica de literatura en España está en manos de impunes mediocridades y es obvio que no hay nada que más deteste un mediocre que el talento y nada que le encandile más que el compadreo”.
Concluye el tempestivo (por lo conveniente) alegato:
“¿Alguien se sorprende de que Menéndez Salmón hubiera de esperar diez años
para poder publicar una novela en editoriales dedicadas por principio a
publicar novelas? Un milagro, y que se prepare, porque nadie escribe un buen relato en vano. Eso se paga”.