«Ningún viento es propicio para quien no sabe adónde va».
Sabia máxima clásica ésta para desnortados y confusos.
Sin embargo, quien más quien menos pone en duda alguna vez su hoja de ruta. Salta la pregunta: ¿qué fiesta me estoy perdiendo?
A eso lo llaman los economistas el coste de oportunidad: cuando decido algo, rechazo implícitamente algo. O cuanto menos lo postergo.
El tiempo es dramáticamente escaso. Un ciclo de vida se evapora como por ensalmo. Y el cúmulo de oportunidades y proyectos con futuro es inagotable.
(Frase de mi abuelo Feliciano Galán Benavente unas pocas semanas antes de morir a los 95 años: «Esto dura lo que un suspiro»)
Vale por ello de vez en cuando hacer un alto en el camino, mirarte cara a cara y -con la solemnidad de la lengua latina- espetarte: Quo vadis.