«Tras la victoria, todos somos generales».
Cacé hace poco la frase al vuelo y me gustó. Me recuerda aquella otra que dice: «Los fracasos son huérfanos; los éxitos tienen muchos padres». Porque quien más quien menos se apunta a la victoria.
Es irrefrenable la tendencia de muchos a marcarse el tanto. Colgarse la medalla. Imperativamente salir en la foto. Toca poder o zona de influencia. Estar junto a los que están arriba (mientras lo estén).
Los medios de comunicación son una atalaya privilegiada para observar el juego de los intereses creados. Nadie mejor que un redactor-jefe defenestrado para explicar con pelos y señales su antes y después. El baño de realismo que moja hasta los tuétanos aquellos que algún día creyeron que los galones formaban parte de su piel. Que eran los más guapos del gremio. Que eran solicitados por su encanto natural. Que serían reverenciados por los tiempos de los tiempos…
Tras la victoria, todos somos generales.
Tras la derrota, tenemos la oportunidad de sentirnos personas.