«Nuestra escuela, que es una institución sin ánimo de lucro»…
(Oído en Palma de Mallorca en el acto de presentación de un programa de desarrollo directivo de una conocida escuela de negocios).
Siempre que alguien apela al «sin ánimo de lucro» me estremezco: suele ser una gran mentira. Por otro lado, ¿qué hay de malo en tener ánimo de lucro? La cuestión relevante es la procedencia de ese lucro y los fines a que se aplicará.
No hay docencia sin decencia. Y cuando la ejemplaridad deja de ser el norte y guía, cualquier cosa es posible. Puede no haber aparentemente lucro y sin embargo una lacra de fondo: falta de voluntad de servicio. Falta de autenticidad. Falta de compromiso. Falta de humildad.
Sin lucro pero con lacra. No puede haber institución docente donde no hay al mismo tiempo una institución decente. Vivir del prestigio del pasado tiene fecha de caducidad. Es como la luz de las estrellas: nos llega un resplandor de un astro que hace tiempo que ya murió.