Leído en «Valores que curan». Resumidamente:
Ella espera el avión, abre un libro y picotea de una bolsa de galletas. Un hombre desconocido, sentado a su lado, coge sin cruzar palabra una galleta. Ella otra. Él otra. Y así sucesivamente. La mujer se sulfura ante la impertinencia, cesa en la lectura. Queda ya una sola galleta en la bolsa. ¿Será capaz el desconocido de…?
…El desconocido coge la última galleta. La parte en dos. Coloca una mitad en su boca. Deja la otra mitad en la bolsa.
Ella marcha iracunda sin decirle nada. Ni tan sólo le ha mirado a la cara. Se dirige a la sala de embarque. Intenta serenarse. Verifica que lleva su tarjeta de embarque en el bolso. En él aparece inopinadamente su bolsa de galletas…
Era ella quien había estado erróneamente picoteando de la bolsa de un extrano. Éste no la amonestó. Compartió con ella hasta la última galleta.
La historia revela cómo ante un mismo hecho dos personas reaccionan de manera radicalmente diferente.
Qué historia más bonita.