Una de mis historias favoritas de Walt Disney es la de Dumbo, el elefante orejón que in extremis revela su talento como paquidermo volador tras una existencia vituperado por el tamaño descomunal de sus orejas. Recientemente oí la metáfora del elefante y la cadena y pensé en Dumbo. Les cuento.
Explicaba Pilar Jericó, la autora del libro “No-miedo en la empresa”, en un acto de graduación en Instituto de Empresa, que en el circo al elefante joven se le enrosca una anilla en la pierna para tenerlo sujeto. Lo mismo acontece con el animal cuando crece, lo que es paradójico ya que al ser tal su fuerza podría igualmente con el desplazamiento de una extremidad llevarse consigo todo el entoldado.
La razón estriba en que la anilla o grillete actúa como freno psicológico a su fortaleza. El animal crece en fuerza al hacerse mayor pero no es consciente de ella.
Cuantas personas llevan en las organizaciones un grillete de por vida que no deriva de su falta de talento sino de la falta de conciencia de su fortaleza.
Como dice la meritoria frase: no es verlo para creerlo, sino creerlo para verlo.
Oportuno aviso para Dumbos que aún no han desplegado sus habilidades voladoras.