Es un verbo que da gusto conjugar: entusiasmarse. Hay países que lo hacen -como irlanda o Finlandia- y triunfan. He leído el artículo de Pedro Nueno en LA VANGUARDIA del domingo 15-7-07 y así lo corrobora.
Empresarios y funcionarios que trabajan al unísono en pos de un objetivo común: vender la marca que los ampara.
Me recuerda el dicho de que «no hay nadie que sepa más que todos nosotros juntos».
El entusiasmo es primordial para competir, combatir rutinas y activar nuestro talento.
El entusiasmo es un combustible de incalculable valor. Marca la diferencia entre los que están por la labor y los que no.
No puede haber emprendedores sin una cierta dosis de entusiasmo.