¿Se imaginan una farmacia…de libros?
El cliente acude solícito, cuenta sus males y el probo menestral le receta el libro adecuado.
-Léalo y cúrese.
El quid de la cuestión: de los millones de libros que existen, saber separar el grano de la paja.
De cada 10 libros que ojeo en una librería 9 son manifiestamente prescindibles y gozosamente obviables en aras de evitar la deforestación del planeta.
Mucho libro y pocas nueces-podrá inicialmente pensarse. Pero no hay duda de que de la cantidad sale la calidad. La gracia está en detectarla. Y que cada uno lea lo que le guste…y convenga.
Llamémosle al nuevo oficio o técnica de sanación «Libroterapia». Quienes lo ejerzan se llamarán «libroterapeutas». Deberán acreditar ecuanimidad, conocimiento de la cultura universal y, por supuesto, ser renuentes a los intentos de soborno de las firmas editoriales.
Lo más bello que se puede decir de un libro- aparte de que sea entretenido- es que «transforma a las personas».
Cuando un libro consigue eso, se convierte en una piedra filosofal.
¿Cuántos libros realmente transformadores existen en la historia de la cultura universal?
Leo en la revista de ex alumnos de la escuela de negocios ESADE que con motivo del 50 aniversario de la institución se preguntará a su alumnado sobre los 50 libros que les cambiaron la vida.
La pregunta es sugestiva si bien desproporcionada. De hecho sospecho que -lamentablemente- hay más de un alumno de nueva hornada que ni tan sólo ha leído 50 libros en su vida. Luego están -categoría incluso más inquietante- aquellos docentes que habiéndolos leído, no los han entendido. Finalmente están quienes debiendo verificar que las cosas se hagan como Dios manda, hacen dejación de sus funciones.
A veces los ránkings de prestigio obnubilan a las instituciones, las hunden en la confusión sobre sus fines y desdibujan los trazos otrora rectos del camino. Se convierten así en aves majestuosas de vuelo alicorto.
Pero también hay libros para corregir eso. Más de 50.