«Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte»…
Así comienza el inconmensurable poema de Jorge Manrique que compara nuestras vidas con los ríos que van al mar, que es el morir.
Despertar. Este es el verbo clave de un gran número de textos de orientación budista que estoy leyendo en los últimos días.
En pocas palabras: dichos textos animan a tomar conciencia del poder del ahora, del momento que vivimos, olvidando el pasado y omitiendo cualquier salto al futuro. Un ejercicio que -al decir de la mayoría de los autores- permite eliminar el pensamiento y conectarse con nuestro centro, con nuestro yo auténtico. Poniendo a un lado el personaje y sacando al exterior la persona.
Es una idea recurrente. Harto repetida. Por activa y por pasiva. En libros y más libros.
Despertar. Abrir el potencial dormido. Sacar la luz.
Sugestivo, ¿no?