Su nombre me sonaba de los ejemplares de la revista «Triunfo» que yo coleccionaba en los setenta. Pero no tuve conocimiento cabal de la persona hasta el inicio de los ochenta, él ya casi septuagenario.
Le acababan de nombrar responsable estatal de la protección de menores y yo a la sazón era responsable del departamento de Prensa de la Conselleria de Justícia de la Generalitat de Cataluña, etapa del conseller Agustí Maria Bassols.
Buena parte del funcionariado estaba espantado con el nombramiento de Miret Magdalena y sus atrevidas propuestas de renovación. Fui a escucharle en un acto público en Barcelona ante un auditorio particularmente díscolo. Me encantó.
Pese a su edad se conservaba ágil como una liebre, tenía la sonrisa a flor de piel. Una sonrisa dulce, serena. Coincidí poco después con él en un seminario de yoga de la agrupación «Sivananda» en la calle Calvet de Barcelona. Estaba en primera fila, con sus piernas ultraflexibles, en perfecta posición del loto. Definitivamente Enrique Miret Magdalena era un hombre diferente. Y yo tomé buena nota de ello.
Estoy leyendo «¿Dónde está Dios?», uno de los últimos libros del prolífico Miret Magdalena, publicado por Editorial Espasa. En él hace repaso a las religiones y sucedáneos más conspicuos que se extienden por este compungido planeta.
Llama la atención la erudición torrencial del texto, sus pliegues, quiebros e incisos. Adjetivos breves colocados en puestos de máxima resonancia. Valoraciones sin ambages. También -todo hay que decirlo- un cierto desaliño estilístico, que incluye esporádicas faltas de ortografía y redundancias textuales. Como si el texto hubiera sido dictado y la brigada de limpieza no hubiera hecho sus deberes a pies juntillas.
Con todo, es un libro sugestivo, de los que entran con fluidez y dejan sensación de empaque, enjundia.
Me llaman también la atención algunos comentarios desmitificadores sobre las realidades espirituales de Oriente, en el sentido de que han perdido unos cuantos trenes y que las filosofías allí nacidas han frenado el progreso de aquella zona del mundo. Hay un punto de acidez en estos comentarios y otros. Lo que es llamativo al proceder de una persona dulce y erudita, con más de tres décadas de práctica de yoga en sus espaldas y meditación zen matinal desde hace muchos años.
Enrique Miret Magdalena. Nonagenario y fértil. Se pregunta dónde está Dios o lo que queda de él y nos resume el mundo en cifras de practicantes y creyentes a la vez que analiza el impacto de las filosofías de corte budista, las que le son más caras amalgamadas con su catolicismo de puertas abiertas.
Que viva muchos años y sean muchos libros más los que nos depare este teólogo aragonés licenciado en ciencias químicas. Y que tan buena química me suscita.