Recuerdo como una expresión de acritud hacia un alumno que el profesor dijera en clase:
-Usted practica la ley del mínimo esfuerzo.
Sin embargo, las técnicas del yoga te enseñan que esa es precisamente una de las leyes más sabias de la vida: suavidad, pasito a pasito y con el mínimo esfuerzo necesario posible.
La misma ley es aplicable a las organizaciones, la gestión, la convivencia entre personas, nuestras rutinas caseras…
Hay que hacer las cosas cuando toca, de la manera que toca y con el instrumento que toca. Mínimo esfuerzo. Máximo rendimiento. Optimo de satisfacción.
Esta filosofía tan simple se hace visible cuando uno se ejercita con el cuerpo, armoniza la respiración, escoge el ritmo justo, coordina los movimientos con suavidad y precisión, arraiga las extremidades, aviva la parte del cuerpo necesaria, se distiende el resto, la atención puesta en el aquí y en el ahora.
La ley del mínimo esfuerzo. Qué ignominiosamente nos la vituperaban en la escuela como sinónimo de indolencia cuando es la regla de oro de un sano vivir…
Mínimo esfuerzo. Suavidad. Estiramiento. Rectitud. Espiralamiento. Enraizamiento. Vivacidad. Distensión. Serenidad activa.
Felicidad.